En plena Comunidad de Castilla y León se sitúa esta provincia caracterizada por la gran cantidad de vestigios de arte Románico que conserva.
Es merecida la consideración que tiene el casco antiguo de la metrópolis de Conjunto Histórico Artístico.
El contraste en sus paisajes, pasa de las altas montañas a parajes de inmensas llanuras en un abrir y cerrar de ojos, la convierten en un lugar que despliega todo un abanico de posibilidades para hacer disfrutar al visitante... ¿Te atreves a recorrerla?
La región zamorana alberga aproximadamente a 214.273 habitantes en sus más de 10.559 kilómetros cuadrados, a través de los cuales se extiende la sierra de Sanabria al norte, y zonas llanas al sur. Los ciudadanos zamoranos viven gracias a la agricultura, principalmente de cereales, en la que destaca el trigo, las legumbres, las hortalizas, las frutas, el olivo, la vid y la remolacha; la ganadería lanar; y la industria alimentaria, hidroeléctrica o textil. Al ser una provincia propia del clima continental, en ella se sufren fríos inviernos y veranos suaves, de ahí que sea ideal para visitar durante la época estival. Para sopesar las temperaturas del estío, el río Duero, que atraviesa toda la región, además de los numerosos embalses de la comarca proporcionan a los habitantes el tan indispensable líquido elemento.
La ciudad, capital de Zamora y homónima, y en la actualidad con más de 65.000 habitantes, se asentó sobre las llamadas peñas tajadas que otorgaron a la metrópoli un hermetismo natural sobre el que construir, en el año 893, la primera muralla dotando así a la urbe de mayor protección. Por esta desmesura defensiva Fernando I la denominó “Zamora la bien cercada”. Este monarca la reconstruyó y repobló para poco después otorgársela a su hija, Doña Urraca.
Como consecuencia de la trifulca experimentada entre ella y su hermano Sancho II, el Fuerte, el cual quería hacerse con el lugar, surge la aún presente frase: “No se ganó Zamora en una hora”, y es que los zamoranos resistieron valerosamente las instigaciones del séquito de Sancho II.
Por todo lo que han vivido las bellas calles de Zamora conquistas, reconquistas, guerras...- y, sobre todo, por la enorme cantidad de obras arquitectónicas presentes en ella, es merecida la consideración que tiene el casco antiguo de la metrópolis de Conjunto Histórico Artístico. Algunos de las construcciones que ofrecen a Zamora este reseñable título son por ejemplo: la Catedral, la Iglesia de Santiago el Viejo, la Iglesia de San Pedro y San Ildefonso, el Puente Románico, el Palacio de los Momos y el Portillo de la Traición.
La Catedral de Zamora, que data del siglo XII, es de arquitectura románica, siendo esta edificación una de las principales causas por las que la urbe es conocida comúnmente como ciudad-museo del Románico. Su cimborrio es de inspiración bizantina, quizá por una intensa influencia francesa ya que fue una zona repoblada con colonos galos. Tanto en esta Catedral como en la de Salamanca se aprecian elementos bizantinos del Poitou. De las tres puertas con las que contaba el templo en sus inicios sólo cuenta, de manera original, con la llamada del Obispo –la situada al sur-. También merece ser destacado el Puente Románico, que como su propio nombre indica fue construido con este estilo en el siglo XII y que está formado por 16 arcos apuntados.
Dejando un poco a un lado la arquitectura, la región también posee monumentos cuyos materiales no son otros que las sendas o montañas. Para muestra un botón; el Parque Natural del Lago de Sanabria es una de las mejores alternativas españolas para la práctica de senderismo por su combinación de vastas llanuras y altas cumbres que alcanzan más de 2000 metros.
No hay excusas para no visitar el territorio zamorano.
Al seguir un itinerario cuidadosamente trazado es imprescindible recorrer lugares, que pese a estar alejados de la capital zamorana, son bellos y hospitalarios. Algunos de ellos, quedándose muchos fuera del camino trazado por la pluma, lápiz, u programa editor ejecutor de esta misiva, son Sagayo, Aliste, Benavente o Toro. El primero de los pueblos enunciados, Sagayo, se caracteriza por el paso que en él realiza el río Duero constituyendo en sus márgenes un importante espacio natural, además de los primeros atisbos de olivos y viñedos en la comarca zamorana. En Benavente, situada al este, discurren varios afluentes y ríos que convierten al pueblo en uno de los más productivos en el cultivo de regadío. Por último, la comarca con un nombre que por sí sólo ya denota contundencia y fuerza, Toro, está repleta de viñedos, culpables de la gran tradición en vinos del lugar y que otorga a Zamora entera un gran prestigio en esta bebida en España.
Las fiestas zamoranas son otro interesante aspecto a tener en cuenta a la hora de elegir época para visitar la ciudad. La ceremonia más importante, sin duda alguna, es la Semana Santa; fiel reflejo de la historia y la cultura de Zamora. La primera referencia de su celebración data de 1278. En el siglo XIV se fundaron varias cofradías pero ninguna de ellas ha logrado permanecer vigente hasta la actualidad, sin embrago, las surgidas en el XV, como la de Santa Vera de la Cruz –la más antigua de la Semana Santa-, la de Nuestra Madre de los Antiguos y la de la Santísima Resurrección aún hoy día siguen participando en este festejo religioso. Ya en el siglo XVII aparece una de las cofradías españolas más populares, la de Jesús Nazareno. Finalmente, como hechos destacables para la Semana Santa zamorana, en el siglo pasado, pese a que la Guerra Civil provoca un retroceso en este tipo de conmemoración, en 1989 este festejo recibe la consideración que se merecía, la declaración de Interés Turístico Internacional. Asimismo, cabe destacar la Romería del Cristo de Valderrey –durante el lunes de Pascua- celebrada a las afueras de la capital, y San Pedro, 29 de julio, cuando tiene lugar, entre otros eventos, la Feria de Cerámica Tradicional.
Un último apunte imprescindible para persuadir al lector, si es que aún hace falta, es la grata gastronomía de la provincia. El buen vino y el queso, como entrantes, harán las delicias de todo amante de la buena mesa amén de abrir el apetito para suculentos manjares, elaborados con productos de la tierra, como las legumbres, las carnes o el famoso arroz a la zamorana. No hay excusas para no visitar el territorio zamorano, tierra plagada de belleza, monumentos, manjares y hospitalidad.