Europa

República Checa
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Alternativas para todos los gustos ::

La República Checa ha pasado durante los últimos veinte años por los momentos más decisivos de su historia particular.

SUPERFICIE
78.864 km²

POBLACIÓN
10.256.760 habitantes

DENSIDAD
130 hab/km²

CAPITAL
Praga

LENGUA
Checo (idioma oficial), eslovaco, alemán, ruso e inglés

RELIGIÓN
Ninguna (ateos) 40,0% Católicos 39,0%

La caída del régimen comunista en 1989 y su posterior separación de Eslovaquia en 1993 han provocado que el nombre de la pequeña nación centroeuropea haya saltado a la palestra informativa en numerosas ocasiones.

Pero a la República Checa no sólo se la conoce por estos hechos de índole político, si no también por tratarse de uno de los destinos turísticos más deseados. Y es que el flamante Estado suele agradar a todo el que lo recorre, tanto si busca conocer una realidad virgen, al margen de los viajeros, como si quiere recorrer una de las ciudades más bellas del viejo continente, "tomada" permanentemente por los viajeros.

Resulta extraño que, a pesar de la amenaza turística, Praga no hay perdido ni un ápice de su impresionante atractivo. Todo visitante afirma que una localidad no muestra el mismo encanto si es admirada por una multitud armada de cámaras de video que si sólo se ve observada por cuatro personas, pero en el caso de la capital checa, esta máxima pierde su significado. Nacida en el siglo IX entre modernas ciudades para la época, Praga tuvo que superar durante sus primeras décadas de vida numerosas dificultades para poder presumir del estatus que conserva en la actualidad. Con 1,2 millones de habitantes, la capital se alza como la localidad más grande del país y también de la región de Bohemia central.

Dos datos parecían anunciar que Praga no iba a crecer como una urbe cualquiera. Que su territorio abarque siete colinas, al igual que Roma, y que su familia de fundadores ostentarán el título de príncipes, la saga de los Premyslidos, auguraban un importante futuro para la capital. Un paseo por la Praga actual confirma que la intuición se convirtió en realidad. En sus barrios se mezclan a capricho el renacimiento con el barroco, el románico y el gótico, amén de estilos más modernos como el urbanismo decimonónico y el Art Nouveau del siglo XX.

Gracias al crisol de épocas, y a los asombrosos pocos daños sufridos durante las guerras, la lista de rincones que el viajero debe visitar se hace interminable. Por ello, lo mejor que se puede hacer es dividir Praga en distritos. Al oeste del río Moldava, el recorrido se adentra en el casco antiguo formado por Hradcany, que rodea el castillo y Mala Strana, el "barrio chico". En la orilla oriental, comunicada por puentes tan famosos como el de Carlos, se encuentra un laberinto de callejuelas que recibe el nombre de Stare Mesto, o "ciudad menor", y Vácklavské námestí, la plaza Wenceslao. En este punto, el turista se dará cuenta al primer vistazo que ambos lugares bien se merecen unas horas de su apretado plan de viaje.

A unos 50 Km. al este de Praga se encuentra Krivoklat, otro de los lugares privilegiados de la Republica Checa. El enclave cuenta con dos atractivos principales. El primero es la propia manera de llegar desde la capital. El trayecto en tren resulta muy placentero, pues, en la hora que se invierte en el desplazamiento, el ferrocarril atraviesa laderas y riscos de piedra para adentrarse de forma paulatina en el boscoso valle de Berounka. El segundo motivo para visitar Krivoklat radica en su castillo, construido en las últimas décadas del siglo XIII. Se trata de un conjunto diseñado como pabellón de caza y compuesto por varias salas majestuosas, una capilla gótica y una prisión con su inseparable sala de torturas. Pero aún hay más, pues su entorno natural también contribuye a la belleza de la zona, tanto como para perderse un par de días y recorrer a pie los 18 Km. que separan el valle de Berounka de la localidad vacacional de Skryje.

Desde Krivoklat, la siguiente parada del viaje por la República Checa se produce en Karlovy Vary, y podría calificarse como "parada técnica". Recorrer un país siempre resulta agotador y en Karlovy Vary, el viajero encontrará la solución ideal a su estado físico, un buen baño regenerativo en el balneario checo más reconocido a nivel mundial. Debajo de su aspecto imperial y su aire bohemio, los acuíferos subterráneos se visten de gala para mostrarse en la superficie a través de alguna de las doce fuentes termales. Desde aguas sulfurosas hasta inhalación de gases, los tratamientos que se dan cita en Karlovy Vary ofrecen remedios naturales para un gran número de dolencias. Todo en medio de un marco incomparable formado por el propio balneario, los parques adyacentes y una ciudad de medio tamaño que nunca agobiará al viajero.

Tras el descanso y los baños la siguiente etapa lleva al turista a Telç. Podría decirse que la pequeña localidad, de unos seis mil habitantes, tiene dos fechas de nacimiento. En un primer momento, Telç se fundó para acompañar a la iglesia románica del Espíritu Santo, un asentamiento más alrededor de un templo. La aldea creció y llegó incluso a contar con un castillo gótico pero en 1530 un gran incendio redujo a cenizas la mayoría de las viviendas, en aquella época de madera. Después del desastre, el pueblo se reconstruyó aunque en esta ocasión el material predominante fue la piedra. El resultado se puede admirar hoy en día en Telç, ciudad Patrimonio de la Humanidad. Entre sus murallas, la localidad alberga un espectáculo de piedra renacentista en el que juegan un papel importante tanto el templo y la fortaleza como las más humildes viviendas.

La ruta marcada prosigue su camino hacia el este, en busca de la región de Moravia. Cercana a la frontera eslovaca, Moravia conserva como pocos lugares sus tradiciones más ancestrales. La influencia del pasado en la zona se atisba en cada uno de los ámbitos de la vida. No es extraño en Moravia contemplar a sus habitantes enfundados en trajes tradicionales ni observar como trabajan la tierra sin más instrumentos que los que usaron sus antepasados. Todo ello en medio de un privilegiado entorno natural que alcanza su máxima belleza en el Karst moravo. En este enclave, los desfiladeros y los grandes bosques se alían con más de 400 cuevas subterráneas para formar uno de los cuadros naturales más fascinantes del país.

Una vez recorrida la República Checa casi en su totalidad, Kutná Hora constituye el broche perfecto para finalizar el viaje. Kutná Hora fue la única ciudad que pudo competir con Praga en cuanto a belleza e importancia gracias a sus yacimientos de plata. Claro que la rivalidad ocurrió hace siglos. En la actualidad, la ciudad ha perdido esa antigua prosperidad y se conforma con recordar la gloria pasada a través de un patrimonio monumental que no tiene mucho que envidiar al de la capital del Estado. Y como todo tiene sus ventajas, Kutná Hora se enorgullece de ofrecer al visitante esa destacada herencia sin las hordas de turistas que recorren Praga y con unos precios mucho más asequibles que los de su antigua rival.

...por Víctor Regidor

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