Desde
los años de la Guerra Fría hasta la actualidad,
los tiempos han cambiado mucho para Rusia. La URSS, de la que
Rusia era componente esencial, competía en aquel entonces
con Estados Unidos por el control del planeta y por atraer a sus
respectivos bloques el máximo número de países
posible.
SUPERFICIE 17.075.200
km²
POBLACIÓN 144.978.570 habitantes
DENSIDAD
8,5 hab/km²
CAPITAL Moscú
LENGUA
Ruso (oficial), tártaro, ucraniano, bielorruso,
uzbeko
RELIGIÓN
Ortodoxa
rusa, musulmana, otras
La
lucha se desarrollaba cara a cara y los adelantos tecnológicos
e industriales, sobre todo de índole militar, se sucedían
sin cesar. Durante unos años el bloque del este parecía
que ganaba la partida espoleado por los éxitos relacionados
con la carrera espacial, pero el futuro deparó justo lo
contrario. Tanto es así que hoy Rusia lucha por sobrevivir
entre poderosas lacras como la corrupción, las mafias y
la pobreza de sus habitantes, pero sin olvidar
su glorioso pasado y de las grandezas que puede ofrecer a todos
los viajeros que la quieran visitar.
El origen más cercano de
la Federación Rusa data de 1917, cuando el pueblo se reveló
debido a diversas causas e inició la Revolución
Rusa. La revuelta desembocó en la proclamación de
la Unión Soviética, guiada por Vladimir Lenin, y
en el inicio de una nueva época para uno de los grandes
imperios de la era moderna. Los primeros años de vida del
gigante "euroasiático" se mostraron violentos
y la situación empeoró hasta llegar a una guerra
civil. En el conflicto, las fuerzas rojas superaron a las blancas
o zaristas, que incluso contaban con algunos apoyos internacionales,
y aseguraron un largo período soviético en la zona.
Una vez finalizada la contienda,
por el sillón presidencial ruso pasaron varios de los líderes
políticos más destacados del siglo. Así,
después de la muerte de Lenin, Stalin ocupó su lugar
y gobernó la Unión Soviética de manera brutal,
con un saldo de varios millones de opositores muertos o desterrados
a Siberia. Más tarde, ya durante la Guerra Fría,
surgió otro nombre que la humanidad tardará en olvidar,
Nikita Khrushchev. El "hombre fuerte" ruso
impulsó la instalación de armas nucleares en Cuba con el objetivo fijado en la costa estadounidense, meses después
de enviar a Gagarin a orbitar el planeta. Su choque con Kennedy en el bando "capitalista" estuvo a punto de desencadenar
una guerra nuclear de consecuencias imprevisibles.
En el pasado más reciente,
dos dirigentes marcaron la situación rusa actual. Primero,
Mijail Gorbachov y su perestroika, la política que sorprendió
a propios y extraños al marcar el paso del centralismo
brutal a una cierta autogestión. Años más
tarde, en 1991, Boris Yeltsin tomó las riendas de la URSS
y vivió cinco meses de inmensa importancia para la zona.
Una vez elegido presidente de la República de Rusia, Yeltsin
lideró la respuesta popular al golpe de Estado que estalló
en agosto, apenas sesenta días después de que recalara
en el cargo. Meses después, en diciembre del mismo año,
Boris Yeltsin tomó una de las decisiones que más
han marcado el presente ruso y desvinculó a su país
de la renqueante URSS. De esta manera, la segunda potencia mundial
se desvaneció definitivamente en un final con más
pena que gloria.
Moscú representa la los problemas de la federación concentrados
en una sola ciudad. Situada en la parte europea del país,
en la capital el viajero se puede encontrar desde lo más
florido procedente de los años gloriosos hasta lo más
patético provocado por el cambio de régimen económico.
Como símbolo de la ciudad y casi con entidad propia, el Kremlin domina las listas de "qué
no perderse" de todo turista que se precie. Las características
del conjunto guardan ciertas similitudes con la "Ciudad
Prohibida" pekinesa, aunque difiere en cuanto a su
uso. Al igual que la residencia de los emperadores chinos, el
Kremlin es un complejo de enormes proporciones
protegido en su mayor parte por altos muros. En la fortaleza,
significado de la palabra kremlin, el visitante encontrará
grandes palacios, una plaza interminable y un gran número de iglesias
y catedrales, pues no en vano, Moscú también ha sido la sede principal de la iglesia ortodoxa.
Aparte del Kremlin,
la gran capital, que ya sobrepasa los límites impuestos
por una autopista circular de 110 Km., alberga atractivos como
para vivirla durante meses. Los 120 museos y
galerías de arte, 35 teatros
y salas de conciertos, como la Ópera Bolshoi, y las decenas de cines dotan
de gran importancia cultural a Moscú.
Además, para el que prefiera rincones emblemáticos
y casi místicos, un paseo por el parque Gorky
y una visita a la tumba de Lenin se hacen imprescindibles.
Todo ello con traslados por el lujoso metro moscovita, la mejor
muestra de los momentos de máxima prosperidad y de los
tiempos actuales. Hoy en día, los numerosos mendigos que
malviven en la ciudad encuentran su mejor refugio para las frías
noches de Moscú en las distinguidas estaciones
del metropolitano.
La única localidad rusa
que alguna vez ha competido con Moscú
es San Petersburgo. Si a la ciudad moscovita
se la califica como la más asiática de las capitales
europeas, la antigua Leningrado se enorgullece
de ser la más europea de las urbes rusas. San Petersburgo nació en el año 1703. El zar que gobernaba Rusia
en aquel entonces, Pedro el Grande, decidió construir una
ciudad a imagen y semejanza de lo que había observado en
el viejo continente. Para ello, el zar no dudó en destinar
a más de 40.000 soldados y obreros, además de plantillas
de fineses, prisioneros suecos e incluso mercaderes de regiones
cercanas, que trabajaron hasta la extenuación y consiguieron
levantar la maravillosa ciudad de piedra.
San Petersburgo,
que también fue conocida como Petrogrado
y Leningrado, intenta mantener hoy en día
esa grandeza que de un plumazo le fue impuesta hace tres siglos.
Muchos visitantes osan describirla como una de las ciudades más
bellas del planeta, y en parte tienen razón. La antigua
capital imperial alberga en su interior numerosos monumentos y
enclaves dignos de admiración, pero uno sobresale por encima
de todos, el Hermitage. El impresionante museo
luce más de tres millones de obras de arte en los seis
edificios que lo forman, uno de ellos el Palacio de Invierno,
antigua residencia de zares. Gracias a semejante colección,
el visitante hará un viaje en el tiempo y el espacio a
la vez que lo recorre. Así, el turista pasará de
la edad de piedra a la moderna o de Europa a la cultura oriental
con sólo cruzar el umbral de una puerta.
Si el museo Hermitage destaca como el lugar más conocido de San Petersburgo,
la fortaleza de Pedro y Pablo no tiene mucho
que envidiarle. La construcción se caracteriza, entre otras
cosas, por ser el primer edificio levantado en la ciudad en 1703.
En un primer momento se pretendió que sirviera de defensa
de unas tierras recién conquistadas frente a los suecos
pero su uso se desvió hasta convertirse en una prisión
política. Ilustres personajes, como Dostoevsky y Trosky,
moraron la fortaleza, pero más curioso resultó el
paso por sus celdas de Alexey, el hijo del zar Pedro. Incluso
se sabe que el mismo Pedro supervisó personalmente la tortura
de su hijo. Por último, para el que busca algo distinto
en San Petersburgo, la subida a la torre
del Centro de Radiotelevisión de la ciudad será
una actividad perfecta. La vista en la plataforma para visitantes,
a unos 200 metros, es impresionante y las sacudidas de torre en
los días ventosos provoca una sensación única.
Para completar la visita al país,
y dado que Rusia ocupa una ingente extensión con sus territorios,
una de las mejores maneras de conocer sus peculiaridades geográficas
es viajar en el mítico ferrocarril Transiberiano.
Cada trayecto que inicia el famoso tren se convierte en una aventura.
En total, los convoyes transiberianos atraviesan lo 9.446 Km.
que separan Moscú de Vladivostok,
en la costa este del país. Durante seis días y sus
respectivas noches, por las ventanillas de los vagones se sucederán
imágenes de las más áridas estepas, de vastos
bosques de pinos y abedules o de lo que a primera vista parece
un mar surgido de la nada. Se trata del lago Baikal,
con una extensión similar a Cataluña y hogar de
las únicas focas que prefieren vivir en agua dulce. Por
cierto, algo imprescindible antes de embarcarse en este moderno periplo es llevar consigo unos buenos acompañantes o una
interesante selección de música y lecturas. ¿Se
imaginan 144 horas de aburrimiento y charla insustancial?