Biografía
Velázquez

Era en año 1599, Sevilla se erigía como el centro cosmopolita y cultural más rico, noble y poblado de España. Allí nace Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, hijo de un portugués y una sevillana.

Diego de Silva y Velázquez

Velázquez comienza su formación, a la edad de diez años, de la mano de Francisco de Herrera el Viejo, pero debido a la rigidez y tosquedad del maestro; el joven se dirige pronto a la escuela de Francisco de Pacheco, proponiéndole un contrato de aprendizaje en 1610, según el cual, el aprendiz viviría durante sus años de educación en el taller del maestro, encargado de su manutención. Las lecciones de Pacheco son determinantes para Diego y tras siete años, el muchacho aprueba el examen para ejercer el arte.

  Realiza durante toda su vida una enérgica actividad en el dibujo

En 1618, Velázquez se casa con Juana de Miranda, hija del maestro que al descubrir el talento del joven, pretende situarlo muy cerca de su propio taller. Velázquez recibe los típicos encargos de sus contemporáneos, principalmente centrados en argumentos religiosos, retratos, ciclos monásticos y bodegones. Durante este periodo Velázquez perfecciona la plasmación de la realidad, introduciendo el artificio del claroscuro.

Cuando Felipe IV sube al trono, el artista, aconsejado por Pacheco viaja a Madrid en 1623, al igual que otros muchos pintores, albergando grandes expectativas. Solamente consigue retratar a Góngora, pero ha conseguido darse a conocer en la corte, y será llamado por el conde-duque al año siguiente. En este momento Velázquez realiza un retrato del rey, quien muy satisfecho, le nombra su pintor de cámara. El pintor se traslada con su familia Madrid, y se aloja en el Palacio Real donde construye su taller.

El 10 de agosto de 1629, Velázquez, con permiso del rey, parte a Italia con la intención de conocer las tendencias artísticas de Venecia, donde estudia la obra de grandes artistas como Tiziano, Veronese, Bassano, Giorgione y Bellini. En Roma permanece un año y a su regreso hace un alto en el camino para retratar a los reyes de Hungría en Nápoles.

Velázquez realiza durante toda su vida una enérgica actividad en el dibujo, que estudia de forma constante, con el fin de reproducir las diferentes expresividades de las figuras de sus cuadros. Sobre el dibujo preliminar, con el que capta la esencia de la realidad, plasmará la luz con gran dominio de la técnica del claroscuro. A su vuelta al palacio español recibe nuevos encargos pictóricos, donde representa nuevamente temas religiosos. La formación italiana se revela en el nuevo carácter clasicista y la tendencia cromática que domina en la mayoría de sus cuadros de esta época. Ejemplo de ello son el lienzo de "San Antonio Abad y San Pablo, primer ermitaño". Mantiene lo aprendido durante su juventud, pero con la libertad de introducir nuevos elementos simbólicos, como ocurre en "La Tentación de Santo Tomás de Aquino" y en "Cristo y el alma cristiana", en las que se hace patente su cultura sobre las historias bíblicas.

Velázquez es elegido para formar parte del grupo de artistas encargado de la decoración del Buen Retiro de Madrid. Se le encarga el proyecto de pinturas para el gran Salón, compuesto por una colección de retratos ecuestres del rey Felipe III y de Felipe IV, de sus esposas y del príncipe heredero. Realiza enormes telas inspiradas en los grandes triunfos y glorias del país, como el famoso cuadro de "Las lanzas" conocido también como "La Rendición de Breda". Desde 1633 a 1636, junto a los trabajos del Palacio del Buen Retiro, el pintor se ocupa también del pabellón de caza la torre de la Parada. Velázquez pinta para el palacete algunos retratos de los miembros de la familia real con indumentaria de caza junto a animales, en el panorama de la sierra del Guadarrama. Resulta asombroso como el pintor logra captar el mundo interior y la personalidad de cada uno de los personajes que pinta, con plena sencillez. Es característica también su serie de retratos de bufones y personajes lúdicos de la corte, en la que continúa con su magistral forma de retratar espíritus. Son cuadros están cargados de sinceridad y a veces de criticismo, como el retrato de "El bufón llamado don Juan de Austria".

Diego Velázquez por encargo del rey realiza un nuevo viaje a Italia en noviembre de 1648, cuya singular tarea consistía en recopilar obras de arte originales romanas y griegas. Durante los primeros meses de este viaje, sus intereses de coleccionista eclipsan a los de pintor, intentando descubrir las mejores obras de los grandes artistas del siglo XVI. En Viena adquiere algunas telas de Tintoretto y de Veronese y en Bolonia contrata a Mitelli y Michelangelo Colonia para trabajar en España. Disfruta de su posición de célebre artista de confianza del rey y decide prolongar su estancia, a pesar de los reclamos que le hacen desde la corte española, en la ciudad de Roma, donde es bienvenido en los más reputados ambientes artísticos.

En 1659 se encarga de la selección de las telas del Escorial  

En 1650 regresa a su paleta de colores y pinceles, realizando algunos retratos, incluido el de Inocencio X y un año después regresa, por fin, a Madrid, llevando consigo las obras adquiridas y destinadas a la decoración del palacio Real. En 1652, el rey nombra a Velázquez aposentador mayor, convirtiéndose en un miembro jerárquico de la corte e incrementando sus compromisos. En 1659 se encarga de la selección de las telas del Escorial, y a pesar de las muchas atribuciones y responsabilidades, consigue pintar algunas telas célebres, como la "Las hiladeras" o "La fábula de Aracne" y cuatro cuadros mitológicos para el Alcázar.

Durante los últimos años de su vida, ante el escaso tiempo del que dispone, Velázquez se ve obligado a reducir sus labores de pintor, y recurre a colaboradores. Pero ello no le impide aún, pintar para la familia real algunos retratos colmados de hermosura, en los que se pone de relieve su perfeccionamiento de la técnica, disgregando el color en pinceladas casi desprovistas de materia. Retratos de la joven reina, de los niños infantes, en los que consigue plasmar la esencia y melancolía infantiles, y del preocupado rey ante el destino que se avecina para su reino, son algunas de las obras que el pintor realiza durante esta época, junto a la famosísima gran obra "Las Meninas" o "La familia de Felipe IV", retrato de la infanta Margarita junto a sus damas.

El 12 de junio de 1658, el pintor Diego Rodríguez de Silva y Velázquez es nombrado caballero, y dos años más tarde muere como consecuencia de una rápida enfermedad. La gran fastuosidad de su funeral demostraba la altura nobiliaria del pintor hidalgo.

...por Beatriz Anta

CONOCE MÁS BIOGRAFÍAS EXCLUSIVAS MUNDOARTE