antropología
evolución Humana
:: El cerebro ::

La evolución del cerebro humano ha sido absolutamente vertiginosa, tanto que es muy difícil encontrar en otros grupos de organismos una estructura compleja que se haya transformado tanto en tan poco tiempo.

 
Cada incremento de las capacidades cognitivas del cerebro introdujo mejoras en la vida de los homínidos.

En los últimos tres millones de años, el tamaño del cerebro se ha triplicado con respecto al de los grandes simios (para lograr incrementos comparables usualmente tenían que transcurrir cientos o decenas de millones de años). Además, su organización se ha modificado profundamente, con el desarrollo privilegiado de ciertas zonas, sobre todo de la corteza cerebral, que es la sede de las facultades superiores y que ha incrementado su superficie de modo espectacular.

El motor que ha alimentado esta carrera desenfrenada es, según las teorías más convincentes, la selección natural. Se supone que cuanto mejores sean las adaptaciones que un organismo consigue para sobrevivir en su medio, más rápida será la evolución hacia ellas (los organismos muy bien adaptados consiguen que muchos de sus descendientes sobrevivan y de este modo se sustituye la población original más rápido que si las adaptaciones no son muy buenas). Parece claro que la inteligencia es la mejor de las adaptaciones, sobre todo cuando los entornos son cambiantes y se requieren respuestas rápidas.

En efecto, parece que a grandes rasgos, pueden correlacionarse las etapas en las que se han producido mayores incrementos del tamaño del cerebro y mayores modificaciones estructurales (que pueden estudiarse por ejemplo a través del molde interno de los cráneos, que refleja el relieve de las distintas zonas del cerebro), con etapas en las que se produjeron avances en la tecnología o en las tácticas de alimentación.

Cada incremento de las capacidades cognitivas del cerebro introdujo mejoras en la vida de los homínidos, lo que se tradujo en un mejor aporte de nutrientes para el cerebro, que pudo mejorar así aún más sus capacidades cognitivas. Por otro lado, un cerebro complejo permite una mayor sociabilidad, y un grupo social estable y fuerte mejora la supervivencia de los organismos; pero los grupos sociales que mejor sobreviven son aquellos que desarrollan estrategias complejas, para las que se requieren cerebros aún más desarrollados. Como vemos, pudieron operar varios circuitos de realimentación positiva entre las capacidades del cerebro y las adaptaciones al medio.

Antes se pensaba que la evolución del cerebro podía haber estado dirigida por la mutación en unos cuantos genes maestros, lo que significaría que nuestras diferencias con otros grandes simios, como los chimpancés, serían prácticamente mínimas. Pero cada vez hay más evidencias de que en nuestra historia evolutiva se han producido cientos o incluso miles de mutaciones en proteínas que participan de algún modo en el desarrollo o en el metabolismo cerebral. La diferencia genética con los chimpancés no sería después de todo tan pequeña, como ha venido a corroborar la reciente publicación del genoma del chimpancé (aunque de todos modos cada vez está más claro que los chimpancés pueden exhibir capacidades mentales asombrosas) .

La mayoría de estas mutaciones se han producido en proteínas que intervienen en el desarrollo embrionario del cerebro, lo que habría posibilitado que su configuración final pudiera ser radicalmente distinta de la de los grandes simios. Esto parece apoyar la vieja teoría según la cual muchas de las diferencias que los hombres presentan con los simios superiores tienen su origen en ritmos diferentes de crecimiento y en duraciones distintas de las diversas etapas de la vida.

Por ejemplo, la mayor parte del crecimiento del cerebro en el hombre se produce dentro del útero materno (y por ello es tan dificultoso el parto para las mujeres). En este entorno seguro, donde no le van a faltar nutrientes, el cerebro puede desarrollarse mucho mejor que tras el nacimiento, cuando las duras condiciones del entorno exterior pueden ejercer una influencia limitante. Podría decirse que las mujeres aguantan hasta el último momento para dar a luz, hasta que la cabeza del niño es tan grande que casi no cabe a través del canal del parto. Los simios, en comparación, nacen con un cerebro mucho menos desarrollado, que crece comparativamente más rápido tras el nacimiento.

Diferencia muy llamativa entre simios y humanos: presentamos un grado mucho mayor de asimetría cerebral.  

Nuestra infancia es también mucho más prolongada que la de los simios. Las crías de chimpancé son mucho más despiertas y espabiladas que los bebés humanos hasta la edad de un año y medio, aproximadamente. A partir de esta edad, los niños empiezan a desarrollar capacidades superiores a las de los chimpancés, que se quedan estancados. Un periodo prolongado de dependencia de los padres, en el que dedicarse a aprender, a jugar y a desarrollar habilidades sociales, puede haber sido también un factor primordial en la maduración del cerebro humano.

El cerebro humano presenta algunas peculiaridades con respecto al de los simios. En estos, los lóbulos occipitales (en la parte de atrás del cerebro) son más grandes que los frontales; en los humanos, ocurre al contrario. Se supone que esto marca gran parte de la diferencia entre las mentes de simios y humanos. En la corteza frontal es donde parece que se ejecutan las tareas intelectivas más complejas. Particularmente un área de la zona frontal, el área de Broca, está muy relacionada con el lenguaje. Empezó a reorganizarse hace unos 2 millones de años, lo que sugiere que ya los primeros miembros del género Homo pudieron poseer algún tipo de capacidad lingüística rudimentaria.

Otra diferencia muy llamativa entre simios y humanos es que nosotros presentamos un grado mucho mayor de asimetría cerebral. Nuestros hemisferios izquierdo y derecho son muy distintos entre sí y cada uno de ellos se ha especializado en realizar tareas diferentes. Esta estrategia podría conllevar una mayor eficiencia para resolver problemas (ya conocemos las ventajas de la división del trabajo en muy diversos ámbitos). Es más, algunos inquietantes experimentos, en los que se ha cortado la comunicación entre los dos hemisferios cerebrales, revelan que cada uno de ellos se comporta como un cerebro independiente, con capacidades, recuerdos e incluso personalidades diferentes. Es como si en cada uno de nosotros vivieran dos personas.

...por Antonio Jiménez

CONOCE MÁS SOBRE ANTROPOLOGÍA EN MUNDOBIOLOGÍA