Camino
a la perdición (2002, Sam Mendes, el firmante de American
beauty), es quizás un film más rutinario y gris
de lo que cabría esperar.
El karma lento e insípido
de sus imágenes no emociona ni trasciende, a pesar de que
notemos que eso justamente es lo que el director Sam Mendes está intentando hacer en todo momento.
Pero
sí hay un momento en la película que brilla con luz propia
en medio de todas esas anodinas escenas en sepia. Michael Sullivan
(Tom Hanks) está a punto de matar a balazos a su padre espiritual,
aquel que le ha protegido y le ha criado como a un hijo, el jefe
mafioso John Rooney, interpretado por Paul Newman. Fijaos en la
mirada de este actor de 77 años antes de ser embutido en
balazos de plomo a manos de Tom Hanks. Los ojos puestos en su
hijo adoptivo que le apunta con la pistola parecen releer en unos
instantes todas las páginas de una vida de amistad. Y también,
los ojos que entienden las reglas del juego de la venganza. Lo
inevitable de la tragedia. Morir en manos de tu propio hijo es
un cruel giro del destino que el personaje parece comprender en
esos instantes previos a su muerte. Camino a la perdición
es el último momento de cine verdadero que nos ha regalado,
de momento, Paul Newman. Sus ojos continúan refulgiendo,
inmiscuyéndose en medio de una piel anciana que dejó
de desprender atractivo y sensualidad hace ya mucho, para adquirir
el peso poético que solo la edad es capaz de dar.
Un
buen puñado de décadas antes, El cáliz de
plata (1954) en cambio, fue el primer momento de cine en la vida
del joven Paul Newman. Hacía poco tiempo que había
renunciado a una existencia segura y un poco burguesa trabajando
en la tienda de deportes de su padre en Wisconsin. Ahora acababa
de cursar en el Actor´s Studio de Nueva York, y fue en las
aulas comandadas por Lee Strasberg donde Paul descubrió
lo que su físico privilegiado podía expresar en
escena. Era un hombre bello, ojos azules, atractivo rictus de
introspección en el rostro y una capacidad seductora fuera
de lo común. Recursos demasiado buscados como para que
se hubiera dedicado exclusivamente a la dirección, como
él quería en un principio. Bien, volviendo a su
debut, El cáliz de plata fue un desastre, un film de romanos
del que Paul se avergonzaría toda su vida.
Las
nominaciones a los Oscar empezaron a dar lustre a su carrera,
mientras el actor, bajo contrato de la Warner, daba en el clavo
con papeles fuertes, graníticos, personajes difíciles
que, para dar todo lo que tenían dentro, debían
esculpirse a si mismos plano a plano durante todo el rodaje.
A partir de 1956 todo cambiaría para él. Marcado
por el odio es un clásico de Robert Wise donde Newman es
Rocky Graciano, boxeador. Más tarde vendrían La
gata sobre el tejado de zinc (1958, Richard Brooks), junto con
Elizabeth Taylor, El largo y cálido verano (1958, Martin
Ritt) donde comparte protagonismo con su mujer de siempre, Joanne
Woodward, a quien había conocido en Nueva York,
mientras estudiaban ambos en el Actor´s de Strasberg.
Las nominaciones a los Oscar empezaron a dar lustre a su carrera,
mientras el actor, bajo contrato de la Warner, daba en el clavo
con papeles fuertes, graníticos, personajes difíciles
que, para dar todo lo que tenían dentro, debían
esculpirse a sí mismos plano a plano durante todo el rodaje. Se
le incluyó en el puesto número uno en la lista de
sucesores de James Dean, y muchos lo emparentaron directamente
con Brando. Con "El buscavidas" (1961), de Robert Rossen, más
"Dulce pájaro de juventud" (1962, otra vez con Richard Brooks)
e incluso con la denostada "Cortina rasgada" (1966) de Hitchcock,
Newman demuestra la que será una constante en toda su carrera,
su innata versatilidad.
Si Wayne es western, Heston cine épico o Bogart cine negro,
¿qué es Paul Newman? En un tiempo en que los actores
empezaban a ganar libertad para elegir papeles que no sólo estuvieran
adscritos al género que el estudio consideraba conveniente
para ellos, Newman es la confirmación de que, efectivamente,
el sistema de estudios de Hollywood estaba cambiando. Ahora, un
actor podía conducir su filmografía por vericuetos
de muy distinto pelaje, sin la castradora necesidad de perpetuarse
en un género determinado para hacerse reconocible para
el gran público.
En los años
sesenta, Newman se estrenará como director en Rachel Rachel,
con su mujer de protagonista, constituyendo el proyecto todo un
éxito de crítica, lo que le impulsará a repetir
la experiencia en algunas ocasiones más (recordar El efecto
de los rayos gamma sobre las margaritas, de 1972). En 1969 funda
con Sydney Poitier, Barbra Streisand y Steve McQueen, todos ellos
nuevos "poderosos" de Hollywood, la productora First
Artists.
Dos hombres y un destino (1969) y El golpe (1973), ambas de George
Roy Hill, son el reventón de taquilla que necesitaba la
carrera del actor en esa época de diversificación
en sus intereses. Son una pareja de films tocados por la frescura,
buen rollo, en los que Newman y su partenaire para la ocasión,
Robert Redford, actúan con total soltura y libertad.
En
los años setenta, Newman rodará con Robert Altman,
Stuart Rosenberg o con John Huston, y participará con esmero
y sin vergüenza en el cine de catástrofes con la taquillera
El coloso en llamas (1974, Irwin Allen, John Guillermin) y El
día del fin del mundo (1979, James Goldstone). Interpretará
además en 1977 al capitán del ultra violento y surrealista
equipo de hockey hielo en El castañazo, dirigida otra vez
por George Roy Hill.
En los ochenta destacan dos obras maestras beneficiadas por dos
de las interpretaciones más sabias del actor, Veredicto
final (1982, Sydney Lumet), en la que encarna a un abogado alcohólico
abocado a la redención en su caso más difícil
y El color del dinero, dirigida en 1986 por Martin Scorsese, una
suerte de continuación de su clásico El buscavidas,
que por fin le proporciona el primer Oscar al mejor actor, después
de ocho nominaciones y una estatuilla honorífica otorgada
el año anterior.
Propietario
de una empresa de elaboración de salsas para cocinar, Newman
y su mujer Joanne destinan parte de su patrimonio a causas humanitarias,
como la construcción de centros para niños con enfermedades
terminales. Ambos sufrieron y superaron con entereza la muerte
de su hijo alcohólico Scott en 1978, y forman una pareja
que, con el tiempo, han demostrado amarse más de lo normal
y mostrar una admiración total el uno por el otro.
Newman es, además, demócrata convencido, y en una
ocasión fue elegido por Jimmy Carter como representante
en la ONU durante la Asamblea General para el desarme.