Si
la ves, no parece siquiera una mujer real. Aunque se decía
que era igualmente guapa tal cual, sin maquillar ni peinar, Rita
Hayworth, en pantalla, lo es todo menos la vecina del quinto.
Junto con "Casablanca", "Gilda" es la película-mito de la década
Como tampoco
encontramos a demasiados Cary Grant en el trabajo o en el autobús,
vamos.
El pelo de Rita describe otros destellos, otros colores,
y su sonrisa garantiza una alegre naturalidad, aunque parezca
irreal que alguien sonría de esa forma, como si el mundo
de los mortales, el nuestro, no fuera lo suficientemente feliz
para hacernos sonreír como lo hace ella. Naturalmente,
Rita sonríe así porque se sabe de otro mundo.
El
mundo de Rita Hayworth es un planeta habitado por quién,
sino: "Gilda". En 1946, año de "Gilda", Rita empieza a confirmarse
como un proyecto seguro de estrella. Se lo llevaba currando desde
hacía mucho tiempo. Docenas de films intrascendentes para
la Columbia, producciones B con su nombre en el apartado de secundarios,
innumerables sesiones fotográficas para publicidad, revistas
y calendarios, y mucho, mucho trabajo. Las cosas empezaron a virar de su rumbo mediocre cuando Howard
Hawks la contrata después de apreciar su buena presencia
en unos test de cámara. Con ella rueda "Sólo los
ángeles tienen alas" en 1939. Su nombre empieza a resonar
por los despachos de la Columbia. Harry Cohn, máximo responsable
del estudio, tenía en sus manos a un diamante en bruto.
Sus
papeles fifty/fifty con Glenn Ford convierten a ambos en la pareja
cinematográfica más popular de los primeros cuarenta.
"Sangre y arena" (1941, Rouben Mamoulian) es una producción
Technicolor (sistema que parecía inventarse para hacernos
gozar de la espectacular cabellera de Rita) en la que la actriz
es cedida a la Twentieth Century Fox para interpretar el papel
de Doña Sol, arrebatándoselo de las manos a toda
una belleza como Gene Tierney y a Marisa Montez. El film, junto con "La
pelirroja" (1941, Raoul Walsh) y "Las modelos" (1944, Charles Vidor)
la confirman como una excelente bailarina, en esta ocasión
junto a Gene Kelly, serán piezas importantes en una carrera
que parecía dejar atrás las producciones baratas
y los papeles secundarios. Además, la imagen de Rita era
la favorita de los soldados destacados en el frente europeo durante
la Segunda Guerra Mundial, y quién va a dudar del gusto
de la tropa, ante el objetivo fotográfico, Rita se convertía
en la más sensual pin-up.
Pero
volvamos a 1946. Y volvamos a "Gilda". El film está dirigido
por Charles Vidor, el director favorito de Rita. Y ya lo sabemos,
junto con "Casablanca" es la película-mito de la década.
Su fogosa, aunque elegante interpretación del tema musical
"Put the blame on mame", fue pasto de la censura, como era de esperar,
y eso que en el número Rita únicamente se quita
un guante. Pero habría que viajar en el tiempo y meterse
en un cine en plenos años cuarenta para vivir con total
intensidad la carga erótica de la Hayworth de "Gilda".
A
partir de este momento, Rita es una estrella. Su icónico
rostro en la película de Charles Vidor se pintaría
en la punta de la bomba atómica que se lanzó como
prueba en el atolón de Bikini ese mismo 1946. A Rita le
indignó verse involucrada en algo así.
Poco antes
del éxito de "Gilda", su vida privada dará un giro
que llenará más y más páginas de la
prensa rosa de la época. Orson Welles, el joven genio rebelde
(cuyo inconformismo, por cierto, ya empezaba a incomodar en Hollywood)
se casaba con ella en 1944. Ambos se habían conocido en
una fiesta organizada por el actor y amigo de Welles Joseph Cotten,
pero es sabido que el director de "Ciudadano Kane" ya estaba fascinado
por la actriz desde tiempo atrás. A un amigo suyo le había
asegurado que se casaría con ella, y ni siquiera la conocía
personalmente entonces. En 1944 la pareja tendrá una hija,
Rebecca.
Welles
y Hayworth hicieron una película juntos, el clásico
negro "La dama de Shangai", dirigida por el mismo Orson en 1948,
y destrozada por los estudios, que no respetaron las instrucciones
acerca del montaje que el director había dado a los montadores.
Desgraciadamente, mientras rodaban el film, su divorcio era ya
casi un hecho, aunque la relación de ambos en el set fue
correcta. "La dama de Shangai" ofreció también a los
fans de la actriz una nueva imagen de su estrella, rubia y con
el pelo recogido.
Rita Hayworth, en pantalla, lo es todo menos la vecina del quinto
La vida conyugal de Rita no puede catalogarse de tormentosa aunque
sí se casó y divorció en varias ocasiones. Su enlace
más sonado después del de Orson Welles, fue con
todo un personaje de sangre azul, el príncipe Aly Kahn,
matrimonio que no dio para mucho y que provocó que la
actriz se alejara durante un tiempo del cine, viajando con todos
los lujos imaginables por Europa y África mientras la prensa
sensacionalista se encargaba de flashear todos los movimientos
de la pareja. En 1953, Rita se divorcia del príncipe, harta
de tanto protocolo y suntuosidad.
Su vuelta al cine con "La dama de Trinidad" es más que satisfactoria,
a pesar de los miedos de la actriz, que temía haber perdido
fuelle después de su paréntesis alejada de la industria.
"Pal Joey", de 1957, finiquita su contrato con la Columbia, cosa
que aprovechará la actriz para buscarse papeles dramáticamente
más satisfactorios, como en "Mesas separadas" (1958, Delvert
Mann), por la que recibe una nominación al Oscar.
Rita
sufrirá algún que otro problema matrimonial más,
como su unión al problemático actor Dick Haynes
que no durará más de dos años, mientras su
filmografía irá escaseando en títulos hasta
llegar a su última obra, "La ira de Dios" (Ralph Nelson),
de 1972. Para entonces, la máxima estrella de la
Columbia empezaba a sufrir la enfermedad de Alzheimer lo que
ocasionó que, por ejemplo, en "La ira de Dios" le fuera difícil
recordar sus líneas de diálogo.
Muchos creen que
la tendencia a abusar del alcohol por parte de la actriz se debió
a esta enfermedad, cuyos primeros síntomas, según
se cree, empezaron a asomar a finales de los cincuenta.