En
1962, el año en que muere el director Tod Browning, se
proyecta en el Festival de Venecia, entre una gran expectación,
un film de 1932.
No tardó en convertirse en un experimentado director de cine mudo
La citada película había permanecido escondido del ojo
público debido a su temática tabú y a la
tajante negativa de sus productores por distribuirlo de manera
normal, asustados ante el tremendo impacto que suscitaban sus
imágenes. El título es "Freaks"
(en España "La parada de los monstruos") una de las obras
más fantasmales, misteriosas y marginales de la historia
del cine.
"Freaks" es
una película protagonizada por monstruos, pero no actores
disfrazados de gorila o de momias asesinas del antiguo Egipto,
sino seres humanos que en su vida normal son considerados eso,
"monstruos", enanos, hombres sin piernas ni brazos,
mujeres barbudas, siamesas unidas por la espalda, mujeres con
medio rostro de hombre, personas con deficiencias mentales...
Seres que la sociedad "normal" margina y relega a
ferias y circos ambulantes. Browning mostró que juntos,
los freaks (diccionario en mano: suceso anormal) tenían
un comportamiento como el nuestro, reían, lloraban, querían
y odiaban, no necesitaban compasión ni caridad, sino que
les dejaran vivir como ellos querían y eso, al menos en
1932, no era algo fácil de entender. En el Festival
de Venecia de aquel 1962, la terrible historia de estos freaks
elevó el estatus de Browning al de autor con mayúsculas,
quizás uno de los creadores de cine más arriesgados
y personales del siglo pasado.
Cuando Tod
Browning dirige "Freaks", había triunfado ya en Hollywood
con la adaptación del "Drácula" de Bram Stoker realizada
el año anterior. Hasta ese momento, Browning había
pasado su adolescencia entre circos y ferias, en un mundo de payasos
y saltimbanquis que siempre le fascinó, luego se metió
en la industria del cine de la mano de David W.Griffith, con quien
trabajó de asistente de dirección e incluso como
actor.
No
tardó en convertirse en un experimentado director de cine
mudo, obteniendo cierto éxito con sus films en colaboración
con el actor Lon Chaney, "el hombre de las mil caras",
famoso por afrontar sus personajes como verdaderas transformaciones
físicas, hasta el punto de que mucha gente no tiene en
mente cómo era su verdadero rostro. Juntos, Chaney y Browning
crearon magníficas obras como "La rosa del arroyo" (1919)
o "Fuera de la ley" (1921). Browning admiraba al camaleónico
Chaney: "Es capaz de todo, permite que lo convierta en lo
que sea, por el bien de la película". La obsesión
de Chaney por el transformismo, les llevaba a ambos a concebir
primero la caracterización de su personaje y una vez bien
definida esta, empezaban con el guión.
Buen aficionado a la magia y el ocultismo y estudioso de psicología,
sólo una mente como la de Browning pudo idear locuras como su
"The mistery of the leaping fish", film protagonizado por Douglas
Fairbanks, y marciana y desarmante aproximación al mundo
de la cocaína, "Puppets" (1917), donde los actores interpretan
a marionetas, la misma "Freaks" o la definitiva "Muñecos Infernales"
(1936).
Volviendo
a 1931, ya he dicho que ese año Browning dirige "Drácula"
para la Universal, confiando el papel de Conde a Bela Lugosi,
actor húngaro que apenas pronunciaba una frase inteligible
en inglés, después de no haber logrado que su amigo
Lon Chaney se implicara en el proyecto, pues se encontraba inmerso
en un cáncer que le llevaría a la muerte en muy
poco tiempo.
El film es
un clásico desde el día de su estreno, con un Lugosi
escribiendo el decálogo de cómo se debe interpretar
al vampiro de los Cárpatos (por lo menos hasta la irrupción
en los cincuenta de Christopher Lee), y momentos inolvidables como
las sonadas apariciones de Renfield, el desgraciado lacayo del
Conde, que interpreta un tal Dwight Frye, a quien Alice
Cooper dedicó uno de sus mejores temas.
El
camino a seguir después del baño de masas de "Drácula"
parecía claro pero en Hollywood pocos imaginaban que Browning
renunciase a una vía comercial de éxito seguro y
se negara a repetir la fórmula, metiéndose de lleno
en un fracaso cantado como "Freaks". Por milagroso que parezca,
Browning se salió con la suya y pudo empezar la producción
del film que acabaría con su carrera y reputación
para siempre. Durante el rodaje de "Freaks", los ejecutivos de la
productora no daban crédito cuando, en la cafetería
del estudio, veían a toda esa panda de aberraciones sin
brazos, mutilados, siameses, tomándose un café antes
de la jornada de filmación, ¿qué era aquello?
¿una pesadilla? ¿se había vuelto loco Browning?
¿por qué renunciaba al dinero que sin duda conseguiría
haciendo films en la línea de "Drácula"? Pero el director
siguió adelante y cumplió su sueño.
Su vida había sido siempre un misterio
Después del estreno de "Freaks" vino el calvario. Relegaron
a Browning a producciones de serie B sin importancia, se negaron
a presentar la película en Europa e hicieron lo posible
para enterrar esa terrorífica anomalía fílmica.
Qué estúpidos, qué inconscientes fueron en
la Metro, hoy Freaks se sitúa sin problemas entre los cincuenta
films más importantes de la historia.
Un Browning con la carrera destrozada únicamente levantó
cabeza con "La marca del vampiro" (1935), interpretada por Lionel
Barrymore y Bela Lugosi, que ya estaba decayendo también
en películas de saldo que explotaban su papel de Conde
Drácula, y sobre todo con una de sus piezas maestras, la
inenarrable "Muñecos infernales", en la que Lionel Barrymore
es un preso fugado que se disfraza de venerable anciana y se venga
de sus enemigos ayudado por unos muñecos que cobran vida
cuando anochece y asesinan sin piedad. Con un guión en
el que participa otro desarraigado de Hollywood, Erich von Stroheim,
"Muñecos infernales" sorprende todavía hoy en día,
tanto por su original propuesta como por los inauditos efectos
especiales.
En
1942 Tod Browning decide retirarse de la industria del cine y
a partir de entonces apenas se le verá fuera de su casa
de Malibú. Su vida había sido siempre un misterio,
era un tipo hermético, oscuro, no se le conocían
amigos íntimos y no se identificaba con el marasmo de fiesta
y cocktail de Hollywood. Hasta hace poco, la vida de Browning
parecía más la de un Aleister Crowley, una especie
de hechicero de turbia vida privada, pero quizás ahora
prevalece más la idea de un Browning concienciado con aquellos
a quien, por el hecho de haber nacido diferentes, son marginados
por la sociedad.
Sólo un maravilloso ser humano podía crear
"Freaks, La parada de los monstruos".