Historia del Cine
El cine Inglés

Cada país tiene su propio "inventor" del cine. O lo que es lo mismo, la primera persona a la que se le adjudica el descubrimiento de las posibilidades de la alianza de la imagen con el tiempo.

En los años 30 ya trabajaba en Inglaterra Alfred Hitchcock  

Gran Bretaña no es una excepción. En 1896 el fotógrafo -de origen americano- Birt Acres presentó una serie de pequeñas películas que había realizado con una de las primeras cámaras cinematográficas.

Esa fue la génesis del cine inglés, en un proceso parecido al de muchas cinematografías nacionales. Aun así, Gran Bretaña no escapó al dominio de la potente industria cinematográfica norteamericana. Y a principios del siglo XX, la mayoría de las películas exhibidas en territorio inglés procedían de la gran potencia, quedando las películas nacionales reducidas a un escaso 15% (datos de All Movie Guide). Además, la Primera Guerra Mundial había hecho estragos en el país y también en sus estructuras productivas. La primera medida para poner solución a esta situación se tomó en el año 1927 con la aprobación de una ley que exigía una producción mínima de películas autóctonas. Una cierta reacción proteccionista partió, asimismo, de los mismos productores y directores como Michael Balcon y Graham Cutts, y ya a principios de los 30, de Alexander Corda, (de origen húngaro), que dirigió films como "La vida privada de Enrique VIII" (1933), con el veterano actor y director Charles Laughton, y "La Pimpinela Escarlata" (1934). No hay que olvidar tampoco que en los años 30 ya trabajaba en Inglaterra Alfred Hitchcock, quien dirigió allí en 1929 su primer film sonoro ("La muchacha de Londres") y una serie de obras -"39 escalones" y "El hombre que sabía demasiado" son las más emblemáticas- con las cuales Hitchcock empezó a demostrar que dominaba a la vez el lenguaje del cine y los mecanismos del suspense. Pero Hitchcock "emigra" (por decirlo de alguna manera) a Estados Unidos, dejando a Inglaterra huérfana de uno de sus maestros.

 
El hombre que sabía demasiado

No obstante, en la historia de la cinematografía inglesa hay otras corrientes y figuras a destacar. No podemos pasar por alto el auge del documental, encabezado por John Grierson y Humphrey Jennings. Con figuras como Basil Wright o Harry Watt en sus filas, esta generación de documentalistas influirá fuertemente en la que será la nueva ola del cine inglés, y a la que prestaremos atención en tanto que contestataria a lo académico y en tanto que renovadora, y causante de que el cine inglés de hoy sea como es.

Al decir cine clásico inglés, nos referimos tanto a los filmes de carácter histórico como a tendencias más clasicistas en las cuales destacan maestros como David Lean y Carol Reed. Pero el cine inglés difícilmente puede escapar, a lo largo de la primera mitad del siglo XX, a la colonización cultural americana. Como excepciones al sistema encontramos tres productoras: la Hammer, que produce estupendas revisiones del cine fantástico, a veces con escasos medios; los estudios Ealing (dirigidos por el mismo Balcon) y sus comedias sociales con tintes ácidos, y las obras históricas, dignas siempre de consideración, de Alexander Corda y Otto Rank.

La película más moderna del cine británico, nos atreveríamos a decir que resultará ser una obra realizada por Michael Powell: "Peeping Tom", que resulta imposible inscribir en corriente estilística alguna. "Peeping Tom" es una explosión contra todo tipo de cánones. Su simbolismo alrededor del fotógrafo asesino y su gusto por tomar la última imagen de sus víctimas -a la vez haciendo que ellas se vean mediante un espejo acoplado a la cámara- resulta ser, aun sin mostrar centímetro de carne, un ejercicio de voyeurismo y de absoluta pornografía. "Peeping Tom" quizá sea una de las películas más transgresoras de la historia de Gran Bretaña.

Desde luego no se puede entender el cine inglés si no es definiendo qué fue y supuso la citada nueva ola: el free cinema. Cine libre: libre de corsés de todo tipo. Esta ola de aires jóvenes se ve impulsado por un grupo de cineastas que se rebelan contra el cine existente, y nutren su nuevo cine de referencias anteriores, pero sobre todo de una novedad: el componente de dura crítica social. Parecen seguir a Walter Benjamin en su creencia de que la opción contra la falsedad de la política es la politización del arte.

Este movimiento es una de tantas nuevas olas nacionales que siguen la lección de la Nouvelle Vague francesa. Y como los jóvenes franceses tuvieron su Cinemathéque, los ingleses se reúnen alrededor del British Film Institute, y su terreno teórico es la revista Sequence. Esta nueva hornada de cineastas jóvenes adquiere protagonismo a partir de unas exhibiciones de cortometrajes en el London Theater, entre 1953 y 1958. Y sus nombres propios son Karel Reisz, Tony Richardson, Lindsay Anderson y John Schlesinger, por citar los más significativos. Ellos son el free cinema, sus raíces son el documental y sus temas, los temas que preocupaban a la sociedad británica en los 60 pero nadie se atrevía a sacar a flote. Están, pues, fuertemente politizados, y combaten el conservadurismo tanto en la vida política como en la vida familiar y sentimental.

Estos cineastas están hermanados con la corriente teatral de los "angry young men" o jóvenes furiosos. Las obras teatrales de John Osborne, Harold Pinter, Shelagh Delaney y David Mercier sirvieron frecuentemente de guión a los jóvenes radicales del cine inglés. Estos autores plantean problemas contra el puritanismo, el imperialismo tradicional británico y la marginación de ciertos colectivos de la sociedad británica, como los homosexuales.

Las obras del nuevo cine inglés tienen como protagonista a la clase obrera ("Sábado noche, domingo mañana") y a la familia media británica ("Un sabor a miel"). Otro tipo de relaciones de servidumbre son reflejadas, con cierta mala idea, por cineastas como Losey en El sirviente. Un concepto dominante será el de la degradación del sirviente, el obrero: precisamente aquel que, -desde la óptica del free cinema, debería tener espíritu de clase, de lucha.

Esta explosión de modernidad es fruto de la coyuntura, pero deja huella en el cine inglés actual. Comedias de final feliz como Billy Elliot también recogen rasgos de la problemática que preocupó a los jóvenes furiosos del cine inglés en su día. Directores como Ken Loach o Stephen Frears nos han mostrado de modo casi documental las tribulaciones de la clase obrera en una sociedad multirracial, que sufre de discriminaciones, a lo largo de su filmografía. Destacamos a Loach como el cineasta inglés posiblemente más representativo de hoy, (empezó en los 60 su actividad) con títulos como "Ladybird", "Canción de Carla", "Tierra y Libertad", "Pan y Rosas", y el drama "Felices dieciséis". Además de un capítulo de los nueve que componen el poliédrico documental "11'0'01".

...por Elena Díaz

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