Recuerda
a algún título de un film de terror de William Castle
¿verdad?, o quizás nos remite a alguno de esos cortos
gore filmado en formato digital que puedas ver algún año
en Sitges; nada demasiado alegre, la verdad, parecen presagiar
estas palabras: Los 5000 dedos del doctor T, ¿un doctor
loco cortando dedos de chicas menores de 20? ¿un científico
mutante con miles de índices y pulgares que crecieron durante
algún experimento fallido? ¿terror con sangre, asesinato
y violación?
No, no y no. Y 5000 veces no. Los 5000 dedos
del doctor T es… ¡una película para niños!
Señores, yo les explico de donde vienen esas cantidades
ingentes de dedos, que no dan miedo ni sangran, hombre. ¡Ah!
Y si tienen hijos pequeños, ya pueden bajarse por el Emule
la película de la que vamos a hablar, háganlo por
ellos, se lo merecen.
Bart Collins es un chavalín simpático
y la mar de gracioso, pero ahora está triste porque el
profesor de piano y su madre le han regañado por no practicar
suficiente con el instrumento. Y no tienen razón esos dos
adultos sin corazón, el pobre Bartholomeu hace lo que puede,
quizás sea que esto del piano no sea lo suyo.
Bien, ahora el crío se ha quedado dormido
entre lágrimas de frustración, acongojado por el
trato severo que recibe de su señora madre viuda y ese
baboso del profesor. Y Bart empieza a soñar… y en
su sueño imagina que las cosas han cambiado. Ahora corretea
por un inmenso castillo donde un maníaco científico
obseso del piano, el doctor T, tiene prisioneros a 500 niños.
Les ha dejado sin juguetes ni diversión ni juegos, y los
ha condenado a vivir atados a un piano gigantesco en el que deben
interpretar el concierto más grande jamás oído,
un concierto con un solo piano tocado por 500 niños y...
¡5000 dedos!
Bart ha conseguido escapar de su celda, y vaga por el castillo
buscando una solución para salvar a los niños y
liberar a su propia madre, que ha sido hipnotizada por el villano,
que quiere casarse con ella. En su onírica aventura, Bart
conocerá a un fontanero que no dudará en ayudarle
a salir sano y salvo de la caza y captura que el doctor T ha emprendido
para encontrarlo.
¿Terror?
¿William Castle? ¿gore? Ya ven que no. Los 5000
dedos del doctor T es una película que deberían
ver de forma obligada nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.
Conozco a familias que en cuestión de cine para sus retoños,
creen que lo mejor es empezar con Sonrisas y lágrimas o
Mary Poppins (con la que Los 5000 dedos del doctor T guarda más
de una conexión, en especial con el personaje del fontanero,
clavado al deshollinador del film protagonizado por Julie Andrews),
y otras que enchufan a sus hijos diariamente a la última
producción de Pixar.
Yo
creo que un niño de 5 a 8 años debería morirse
de gusto con Los 5000 dedos del doctor T, se trata de un film
con niño como protagonista, envuelto en una historia llena
de aventuras ambientadas en un mundo fantástico, donde
las formas y los colores parecen salidas de la más libre
fantasía infantil, y además, no lo olvidemos, es
un musical, y los films con canciones consiguen fácilmente,
cual flautista de Hamelín, llevarse a los niños
al huerto. En todo caso, espectadores de todas las edades que
la hemos podido ver, nos conocemos de memoria su fascinante universo,
ese castillo habitado por hermanos siameses en patinete, pasillos
y catacumbas recónditas, hombres-tambor y pianos de inacabable
longitud.
Desgraciadamente, Los 5000 dedos del doctor
T duerme el sueño de los olvidos generacionales, y tan
solo despierta en algún pase televisivo a horas en que
los niños están teniendo sueños como los
del pequeño Bart. Una pena, porque en 1953, año
de producción del film, la historia del doctor T tuvo su
resonancia, incluso el gorrito con una mano extendida en la punta
que lucía Bart fue un hit de ventas de merchandising (en
USA, claro, aquí estábamos con Marcelino pan y vino
que, digamos, no generó demasiado volumen de merchandising).
Repasando los nombres que hicieron posible esta
locura, encontramos a su principal factotum, Dr. Seuss (verdadera
identidad: Theodor Seuss Geisel), guionista del film y famoso
escritor de cuentos infantiles (en su haber apunten e informen
a sus chavales: El gato garabato y el mismísmo Grinch,
el morrocotudo tipo verde y peludo que no quiere ni oler la Navidad.
Dr. Seuss ha vendido en Estados Unidos más de 100 millones
de libros).
El film es una obra de Dr. Seuss en movimiento,
él mismo diseñó los surrealistas decorados
y los artilugios fantásticos que alegran la vista en muchas
de las escenas, y viendo la cinta, uno comprueba que, efectivamente,
Los 5000 dedos del doctor T es una obra de autor hecha con el
corazón y los sueños más profundos de su
creador a partes iguales.
El casting lo encabeza por mérito propio
el doctor T, interpretado por Hans Conried, en una perfomance
desquiciada que mueve a la risa y a cierto (e inocente, sano)
miedo; es un malo revolucionado e histriónico, amigo de
los gestos ampulosos y las parrafadas mesiánicas. Es un
placer verlo campar a sus anchas por el castillo, intentando organizar
el concierto más importante de la historia de la humanidad.
El pequeño Bart corre a cargo de Tomy Retting, acompañante
de la perrita Lassie en la homónima serie televisiva de
los cincuenta.
El
director de la función es Roy Rowland, ¿que quién
es Roy Rowland? Bien, es el director de este maravilloso cuento,
con eso basta, aunque si alguien quiere acercarse a su filmografía,
puede probar con El único testigo (1953, nada menos que
con Barbara Stanwyck y George Sanders quién no hubiera
desentonado como doctor T) o El sol sale mañana (1945,
con Edward G. Robinson).