Lo
digo ya: La fuga de Logan es una película mala. ¿Por
qué la consideramos entonces "joya oculta"? Quizás
por ese algo que respiran las películas, no siempre buenas,
que nos fascinaron en la infancia. Su ingenuidad,
la inocencia, o quizás la imaginación que nosotros
les echábamos al verlas.
Probablemente
este film debe su estatus de culto a eso, a la imaginación
generosa que le depositamos en su momento, y que elevó
lo cutre de sus imágenes al nivel de superproducción
que solo nosotros parecíamos ver. Aunque, discursos a parte,
me encanta La fuga de Logan. Más ahora que cuando era pequeño.
El argumento. Una
ciudad del futuro, la Ciudad de las Cúpulas, único
reducto con humanos del planeta. Allí las cosas funcionan
a las mil maravillas, las máquinas hacen el trabajo, todo
el mundo está feliz y contento. Todo el mundo que no pase
de los treinta años, porque al llegar a esa edad, debes
entrar en la ceremonia del Carrusel e inmolarte, porque en esta
ciudad solo vive el hombre en la flor de la vida, joven y bello,
luego... a la basura. Logan es uno de estos chicos guapotes, un
sandmen, que se dedica a mantener el orden y cazar a
los que quieren huir de la ciudad cuando llegan a la edad límite.
Pero él es listo, y empieza a entender que la vida hasta
los treinta es un timo, y cuando entra en contacto con Jessica,
una rebelde que ayuda a los condenados a huir de la ciudad, y
descubre que ahí fuera hay un lugar mitológico,
lleno de paz y felicidad hasta la vejez, llamado Santuario, decide
huir con ella. El film relata este viaje de la pareja hacia la
tierra prometida, acechados por los sandmen enviados
desde la Ciudad de las Cúpulas.
El punto de partida promete. La
Ciudad de las Cúpulas es un lugar fascinante, digno de
Aldous Huxley, con una arquitectura aséptica, muy parecida
a cualquier centro comercial gigante de hoy en día (la
ciudad no se rodó en un decorado artificial, sino que se
utilizó un centro comercial –mall- de Dallas),
y unos habitantes en el limbo de una falsa felicidad. ¿Crítica
social? Olvidémoselo, el film no elabora discurso alguno
sobre la automatización de la sociedad, o la lucha de lo
individual contra las normas colectivas. Esto es un producto de
aventuras con un punto de partida casualmente interesante. Aventuras,
acción y unos efectos especiales que le valieron el Oscar
de la Academia en 1976.
Resulta curioso
observar las semejanzas entre La fuga de Logan
y Blade runner (Ridley Scott, 1982)
El guión se basa en la
novela homónima de William F. Nolan y George Clayton, escrita
en 1967, pero el guionista David Zelag Goodman se encarga, como
decimos, de quitar toda significación discursiva y centrarse
en las peripecias de la pareja protagonista y en encajar bien
el despliegue de efectos especiales. Incluso diría que
convierte al film en antagonista de la novela. Esta, era una consecuencia
de la revolución juvenil de los años sesenta, la
búsqueda de la libertad y la incomprensión de los
adultos hacia ésta, la película sin embargo, acaba
todavía más conservadora de como ha empezado, con
la pareja protagonista, libre eso si, reconociendo que los valores
tradicionales de familia, hogar e hijos y bandera de barras y
estrellas son lo más en este mundo.
Resulta curioso observar las semejanzas
entre La fuga de Logan y Blade runner
(Ridley Scott, 1982). Premisas argumentales semejantes, con los
habitantes de la Ciudad de las Cúpulas obligados a morir
a los treinta, y los replicantes del film de Ridley Scott con
fecha de caducidad predeterminada. Los protagonistas de ambos
films siguen semejante peripecia moral interior. Son cazadores
que descubren la injusticia a la que se somete a los cazados.
Pero claro, qué distinta resulta la escena ultra-hortera
de inmolación de los condenados en el Carrusel, y ese Roy,
el replicante sentenciado por sus creadores interpretado por Rutger
Hauer, confesando ante el blade runner Deckard (Harrison Ford):
"Yo he visto cosas que vosotros no creeríais.
Atacar naves en llamas más allá de Orión.
He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de
Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el
tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir".
Son films que pertenecen a distintas divisiones, está claro,
y La fuga de Logan se queda corta en todo.
Otra comparación, ahí
tenemos el film casi contemporáneo de 1971 dirigido por
un primerizo George Lucas (antes cargarse toda su leyenda con
la nueva trilogía de Star Wars), THX1138, donde
de nuevo, un personaje pone en el tablero su propia lucha por
la libertad individual contra las normas colectivas que lo oprimen,
en un mundo futuro si cabe más aséptico y poco apetecible
para los sentidos que el del film que nos ocupa. Puntos de partida
semejantes, pero soluciones opuestas, la del film-discurso de
Lucas y la del entertaintment para toda la familia de
La fuga de Logan.
El casting de la película
es otro ejemplo de viaje psicotrónico. Logan está
interpretado por Michael York, tan expresivo como David Hasselhoff,
mientras que Peter Ustinov sigue en sus trece de ser el eterno
Nerón, y la guinda la pone la, por otro lado espectacular,
Farrah Fawcett, en un papel secundario poco antes de convertirse
en Jill y acompañar a los otros dos ángeles Sabrina
y Kelly, junto con el bueno de Bosley, en las inolvidables primeras
temporadas de Los Ángeles de Charlie.
Véanla
si se cruzan con ella zappeando por la televisión,
en una de esas madrugadas de insomnio y telebasura.
Lo mejor de La fuga de
Logan, al menos para quién suscribe, no es la
diversión sin fondo ni prejuicio que me produce, sino que
fue la matriz a partir de la cual se rodaron catorce episodios
de una serie con el mismo argumento (Logan y Jéssica en
búsqueda del Santuario) pero actores diferentes y la aparición
de un tercer personaje que huye con la pareja protagonista, el
gracioso androide Rem. Resultó ser un rotundo fracaso,
y de lo poco que he conseguido ver, y lo que recuerdo de cuando
era crío, subrayo que La fuga de Logan,
la serie, supera al film, es más divertida y ofrece un
generoso despliegue de vehículos hot rod futuristas
a cual más kitch. Esperemos que la emisión de los
episodios se les escape un día de estos a los jefes de
programación de alguna cadena televisiva, posiblemente
a las seis de la mañana los Lunes o algo por el estilo.
Nunca será tarde para disfrutar de las hazañas de
Logan, al menos antes de que Hollywood destroce el mito que tenemos
unos pocos con un remake que, según rumorología,
puede ser una realidad en muy poco tiempo.
Pistolas láser de tienda
de disfraces, pésimos actores-busto, decorados rodados
en centros comerciales... todo un carnaval dirigido por un Michael
Anderson de cuya filmografía destacan "joyas"
como Orca, la ballena asesina (1977) o la horrorosa Millennium
(1989). No dudo de que estará contento de que le recordemos
por películas como esta. Véanla si se cruzan con
ella zappeando por la televisión, en una de esas madrugadas
de insomnio y telebasura.