Bases
económicas durante el imperio nuevo
:: Transformaciones
y resistencias ::
Una
de las principales peculiaridades del sistema económico
egipcio durante la Historia antigua es su aislamiento respecto
a otros modelos existentes en la zona del Próximo Oriente
donde existían estados con formas económicas plenas.
Esta situación de cierta autarquía se repite a lo
largo de los siglos, desde los tiempos tinitas hasta el Imperio
Nuevo.
Sin embargo,
en este último periodo, Egipto va a sufrir una serie de
innovaciones respecto a momentos anteriores que van a suponer
sustanciales modificaciones en el sistema económico respecto
a los años precedentes. Uno de estos va a ser el contacto
con pueblos del exterior esencialmente comerciales, como pueden
ser los griegos o los fenicios. Otro, la política militar
expansionista, que llevará a los egipcios a nuevas tierras
donde iniciarán diferentes formas de explotación
económica.
Aún
así, la base de la economía egipcia de este periodo
sigue siendo fundamentalmente la agricultura. Egipto es un país
agrario, donde apenas se registran innovaciones de carácter
técnico. El motor de esta actividad agrícola sigue
marcado por los ritmos impuestos por la inundación anual
de El Nilo. El limo que deposita sobre las tierras adyacentes
al río permite el cultivo del campo contando con un fertilizante
de muy buena calidad. Los campesinos arrojaban la simiente sobre
las tierras todavía húmedas y el ganado pisoteaba
esta tierra para enterrar los granos. En los meses de septiembre
y octubre se iniciaba la época de siega. Lo recogido se
almacenaba hasta que los funcionarios reales realizaban el recuento
de lo producido con fines recaudatorios.
Entre los
principales productos cultivado se encontraban los cereales. Egipto,
en época tardía, llegó a convertirse en granero
de Roma. Entre los cereales, el producto preferido era el trigo
y la cebada. También se cultivaban plantas forrajeras para
aprovechamiento ganaderos.
En esta época
hay una serie de productos que adquieren gran relevancia dentro
de la vida económica egipcia. Uno de ellos es el lino,
producido en grandes extensiones de tierra. Su procesado hasta
obtener la fibra era prácticamente similar al que se realizaba
hasta hace pocos años. Una vez que se obtenía el
hilo, se iniciaba su transformación para elaborar los tejidos.
En este proceso, uno de los agentes más importantes, por
la calidad de sus piezas, llegaron a ser los templos con sus telas
para los wabu o puros. A través de los monumentos funerarios,
de las inscripciones en sus muros, también podemos destacar
la importancia que adquirió la viticultura, con un vino
de considerable calidad cuyo cultivo se localizaba preferentemente
en el Delta. Es en esta zona, y en otras pantanosas en torno a
El Nilo, donde los egipcios recolectaban el papiro con el objeto
de transformarlo y obtener así material para escritura.
La confección del papiro como soporte escrito llegó
a formar una industria manufacturera de destacada importancia.
En la ganadería,
los cambios respecto a momentos anteriores no sean, quizá,
tan destacables como en la agricultura. El ganado vacuno sigue
siendo el más importante, especialmente como fuerza de
trabajo y de apoyo para la agricultura. Sí se puede constatar
ciertos cambios en los hábitos alimenticios de los egipcios,
ya que se ha corroborado un considerable incremento del consumo
de carne porcina. Aún así, la ganadería no
llega a adquirir la importancia y el peso específico en
las actividades económicas que siempre tuvo la agricultura.
La apicultura
constituye una actividad complementaria. Sí podemos referirnos
a un cambio de actitud respecto a actividades que fueron significativas
en otras épocas como son la caza y la pesca. Respecto a
la caza, ésta dejó de ser un medio de subsistencia
para pasar a ser considerada como una simple actividad deportiva
que sólo las clases pudientes podían llevar a cabo.
Por ejemplo, el faraón Amenofis III cazaba, siendo una
de sus prácticas a las que más aficionado era, toros
salvajes en los pantanos que se sitúan cerca de Tebas.
La pesca, y por lo tanto el pescado, aumentó su peso específico
en la dieta del hombre egipcio y por lo tanto su importancia en
la economía del país. En parte, pudo deberse a un
relajamiento de ciertas costumbres y preceptos religiosos.
La minería
tuvo especial importancia, con gran cantidad de canteras y minas
de metales preciosos, en parte para las mayores necesidades constructivas
de una época de expansión y, por lo tanto de mayor
riqueza, y por el aumento del número y calidad de los objetos
decorativos. En definitiva, el expansionismo militar de los faraones
del Imperio Nuevo exigió la acumulación ingente
de materias primas. El oro, ya de por sí, era abundante
en el desierto arábigo, en el este del país. También
lo podía obtener a través de las arenas aluviales
del río Nilo. Según se relata en los "Anales
de Tutmosis III", la piedra que contenía oro era
machacada y posteriormente lavada para así obtener el metal
precioso. En esta época, las minas de cobre del Sinaí
se agotaron, pero hasta la época de Ramsés II se
siguieron explotando las de turquesas.
La conquista
de Asia propiciará que en Egipto se popularice el uso del
bronce, ya que en el país no se podía obtener. Las
canteras, debido a las construcciones monumentales de templos y palacios, sufrieron durante este periodo una explotación
intensiva, siendo la totalidad de ellas monopolio del faraón.
Entre las más famosas podemos destacar las de caliza de
El Bersha, la de arenisca de Gebel el – Silsilah o la de
granito rojo de Asuán.
De todos
los productos deficitarios, Egipto se abastecía a través
del comercio. De nuevo, nos encontramos con una actividad de casi
exclusivo monopolio estatal. Desde Fenicia, llegaba la madera,
mientras que desde el sur llegaba el marfil. La ruta comercial
más importante del momento es la del mar Rojo a través
de la cual se llegaba hasta el país de Punt. Desde el Egeo
llegaba la plata, la madera de Asia, de Creta las manufacturas
de metal y de Siria vino y resinas. Por su parte, Egipto exportaba
grano, lino, papiro y oro.
El comercio interior debió ser excesivamente escaso, aunque
no faltaron los mercados en ciudades y pueblos donde se practicaba
el trueque. Finalmente, esta economía, en los momentos
de poderío egipcio, se complementaba con los numerosos
tributos que los pueblos vencidos debían entregar al faraón.