Quizá,
una de las mayores aportaciones y descubrimientos hechos por la
humanidad sea el de la escritura. En base a este proceso, paso
fundamental es posibilitar que esta escritura se plasme sobre
unos soportes ágiles, que permitan su fácil manipulación
y transmisión, que sean baratos y que puedan producirse
en una cantidad suficiente. En este aspecto, el uso del papiro
como soporte supondrá uno de las mayores aportaciones hechas
por la civilización egipcia a la antigüedad.
La utilización
del papiro como elemento sobre el que plasmar la escritura se
encuentra ya documentado en torno al 3000 a. de C. Uno de los
primeros documentos conservados data del 2500 a. de C., en el
que se plasmó un resumen administrativo del reinado del
faraón Neferirkare, perteneciente a la V Dinastía.
Egipto tenía unas especiales condiciones medio ambientales
que permitieron que la planta del papiro creciese en sus tierras
abundantemente. La planta del papiro suele darse en regiones templadas
y subtropicales, en las zonas especialmente húmedas y pantanosas.
En
la antigüedad, toda la orilla de El Nilo se encontraba cubierta
de extensos cañaverales donde crecía salvaje el
papiro. Pero era sobre todo la zona del Delta donde más
se producía esta especie. Sólo, tras una terrible
sequía a mediados del siglo XI d. de C. todos estos cañaverales
de papiro desaparecieron, ya que muchas zonas pantanosas donde
crecían se desecaron.
En el antiguo
Egipto, estas zonas donde crecía la planta se denominaban
"akhi", mientras que el propio papiro era conocido
como "wag", palabra que también puede traducirse
como verde o próspero.
La planta
del papiro es de gran belleza. Su color puede variar entre un
verde muy brillante y un color más amarillento. Hay que
tener en cuenta que en Egipto, en la época faraónica,
disponían de diferentes tipos de papiros. Desde el más
salvaje, que se empleaba en las confecciones de tejidos, hasta
una especia semicultivada, que era la empleada en la confección
del soporte de la escritura. Su tallo es esbelto, pudiendo en
ocasiones llegar a alcanzar hasta cerca de los 5 metros, e incluso,
a veces, superar esta altura. Su parte alta se remata con una
flor de grandes pétalos que acaban en diminutas espigas.
Esta forma inspiró, por ejemplo, las columnas más
características del arte egipcio antiguo. El tallo tiene
una sección triangular y está cubierto por una corteza
no muy rígida, que era eliminada en la confección
de los rollos.
Para recoger
el papiro, los egipcios se introducían en estas zonas pantanosas
con pequeñas barcas. Cortaban el tallo por su parte inferior,
y trasladaban los haces de tallos a tierra. Allí, se iniciaba
su proceso de transformación, eliminando la flor y la fina
corteza. Después, el tallo se cortaba en finas láminas
que se colocaban horizontalmente unas junto a otras. Posteriormente,
transversales a ellas, se colocaba otra capa de láminas
de papiro. La planta tiene en su interior una sustancia pegajosa,
de tal manera que para unir las distintas tiras de papiro no se
utilizaba ninguna cola. Tan sólo habría que presionarlas
hasta que quedasen perfectamente pegadas. Sobre la base de esta
confección, se elaboraban los rollos. Ya sólo quedaba
blanquearlos, con sustancias químicas, y pulirlos para
eliminar cualquier aspereza.
¿Por
qué se generaliza el uso del papiro como soporte de la escritura? El crecimiento del aparato de gobierno egipcio provocó
un incremento de las actividades burocráticas. De la misma
manera, era necesario plasmar de forma rápida y fácil
los diferentes conocimientos adquiridos por los sabios, o los
dogmas que componían que el cuantioso corpus religioso
egipcio. Así, se generalizó el uso del papiro, más
económico, manejable y de fácil distribución
que otros soportes anteriormente empleados. Gracias a estos factores,
el consumo de papiro fue aumentando paulatinamente a lo largo
de los siglos, paralelamente a su falta de calidad: Los primeros
papiros que se preparaban para escribir tenían unas características
excelentes, sin embargo, con el paso del tiempo, su producción
se descuidó y se empezaron a fabricar ejemplares de no
muy buena calidad.
En base al
papiro, Egipto estableció una floreciente industria que
a lo largo de los años llegaría a exportar sus resultados
a todas las orillas del Mediterráneo, especialmente a Grecia y a Roma. El papiro, una vez que llegaba a estos centros de consumo
fuera de Egipto podía llegar a alcanzar un precio excesivo,
como lo demuestran las últimas investigaciones. Según
las mismas, en Atenas en el siglo V a. de C., un rollo de papiro
de la mejor calidad podía llegar a alcanzar el exorbitante
precio de un dracma. Pero también hay que tener en cuenta
que su consumo se generalizó especialmente en aquellas
cortes y gobiernos más avanzados, donde una poderosa burocracia
debía satisfacer sus necesidades de este producto. Otro
estudio revela cómo una oficina ministerial del reino tolemaico
podía llegar a consumir más de 400 rollos de papiro
en un mes.
El papiro
se transformaba principalmente en la ciudad de Alejandría.
No es difícil suponer, por lo tanto, que será durante
la época de los Tolomeos cuando su producción se
agilice de manera total hasta llegar a conformar una de las industrias
más florecientes de la ciudad. Desde esta ciudad, con su
importante puerto comercial, era exportado a diferentes puntos
del Mediterráneo. Su relevancia llegó a ser tal,
que la propia monarquía lágida decidió en
un momento determinado monopolizar su producción y distribución.
El papiro ha sido uno de los elementos más importantes
de la Historia antigua clásica. Este hecho queda contrastado
en el enorme valor que ha obtenido recientemente como importante
fuente histórico. No en vano, ha surgido con gran auge
una ciencia extremadamente especializada, como es la papirología,
que pretende desentrañar la historia escondida sobre el
papiro.