Epicuro
es otro de los sabios del mundo helenístico, que junto
con los estoicos y los neoplatónicos rellena perfectamente
ese periodo de crisis, de ofertas varias de sabiduría unida
a la felicidad que comportan el abanico de las filosofías
morales del periodo alajandrino y romano.
Epicuro
es antiplatónico: considera que hay que cuidar al cuerpo
como fuente de placer y a los sentidos como fuente fiable
de conocimiento.
Nuestro hombre nació en
Samos en el 341 a. de C. Marchó a Atenas, a cumplir el
servicio militar, a los diecisiete años. Después
de éste y de diez años en el estudio de la filosofía,
comenzó a publicar sus enseñanzas en diversas ciudades,
de las que fue progresivamente expulsado. En el 306 regresó
a Atenas, donde fundó su "Jardín"- un
huerto más bien -, el nombre dado a su escuela, que era,
al mismo tiempo academia, comunidad de amigos y núcleo
de encuentro donde se reunían hombres y mujeres, libres
y esclavos, una isla de libertad y tolerancia en medio de la naturaleza,
que Epicuro mantuvo bajo su dirección
hasta su muerte a los setenta años.
Las proposiciones fundamentales
de los amigos del Jardín pueden resumirse en las siguientes:
a) Podemos conocer la realidad
por nuestra inteligencia
b) dentro de lo real hay un
hueco para la felicidad de los humanos
c) la felicidad es carencia
de sufrimiento y preocupaciones
d) el hombre puede llegar a
esa felicidad por su propio esfuerzo
e) no le hacen falta, por tanto,
ni la ciudad y demás instituciones ni mucho menos los
dioses. La autarquía del ser humano debe prevalecer en
su camino a la felicidad, que es la misma sabiduría
f) todos los seres humanos son
iguales, se les debe ayudar a encontrar la felicidad a todos
sin distinción de sexo, raza o condición social.
Epicuro es antiplatónico:
considera que hay que cuidar al cuerpo como fuente de placer y
a los sentidos como fuente fiable de conocimiento. La sensación
es objetiva porque está conectada con la composición
atómica de la realidad.
Nuestro filósofo pensaba,
como Demócrito, que la realidad estaba compuesta por átomos
perfectos, sin-partes, cuyas mezclas en el vacío conformaban
todas las cosas. Por medio de los átomos percibimos. Nuestra
vista tiene una afinidad con lo percibido. Nosotros también
estamos compuestos por átomos diversos, compuestos al azar.
La experiencia deja en la mente la impronta de sensaciones pasadas,
que nos permite lanzar anticipaciones o "prolepsis"
sobre las cosas. Conocemos, por tanto, anticipando experiencias,
teniendo por base experiencias sensibles previas. Lo que nos acerca
al conocimiento de la verdad es, por tanto, la vía de los
sentidos, el mecanismo de la prolepsis, pero esto no sirve de
nada si no le añadimos un criterio: la cercanía
al placer y el distanciamiento del dolor.
Epicuro introdujo en la física
democritea la teoría del "clinamen" de los
átomos, algo así como el principio de indeterminación
de la materia en la física actual. Era preciso que la libertad
estuviera al fondo de la misma materia. Por tanto, no se trata
tanto de una convicción física sino ética
(algo parecido sostuvo en el siglo XX Karl Popper).
La ética de Epicuro está
basada en el axioma: el bien es el placer. Ya los cirenaicos habían
hablado de esto, pero éstos negaban que la ausencia de
dolor fuese alguna felicidad, mientras que Epicuro da a esta situación
el carácter de bien y el contenido de la felicidad. Epicuro,
al contrario también de los cirenaicos, entenderá
como superiores los placeres psicológicos a los placeres
físicos, porque en el mismo placer físico es más
importante su repercusión interior que el propio placer
materialmente considerado. El verdadero placer para Epicuro consiste
en la ausencia de dolor y la carencia de perturbación.
Para el fundador del Jardín,
al contrario que para Aristóteles, la vida política
es antinatural y no da la felicidad. Su recomendación:
"Retírate a ti mismo" o "Vive oculto";
pero el epicúreo no es un ser huraño e insociable,
ya que, como dice el propio Epicuro: "de todas las cosas
que procura la sabiduría para ser feliz la más grande
de todas es la amistad".
Epicuro procuró a los seres
humanos un "cuádruple fármaco".
1º) Es vanidad temer a
los dioses y al más allá.
2º) Es absurdo temer a
la muerte, que no es nada.
3º) El placer puede ser
alcanzado por todos.
4º) El
mal dura poco o es fácilmente soportable.
Si el sabio se aplica esta medicina,
será feliz e incluso en medio de los peores tormentos.
Nuestro filósofo estaba convencido de que el único
bien, no negociable, es la vida y para mantenerla son necesarias
pocas cosas. Todo lo demás es vanidad. Sobre la muerte,
es proverbial su dicho paradójico: "Cuando ella está,
nosotros no estamos; cuando nosotros estamos, ella no está".
Ha habido en la historia de la Filosofía dos "religiones
laicas", con sinceros adeptos y extraordinarios ejemplares
humanos. La primera, comenzó en Sócrates y es la
fe en la justicia, la segunda es el estilo de Epicuro y es la
fe en la vida.
Su De rerum natura
constituye el poema filosófico más importante
de todos los tiempos después del Poema del Ser de
Parménides.
El epicúreo más
famoso después de Epicuro fue, en el seno
del Imperio romano, Tito Lucrecio Caro, cuya vida cubre la primera
parte del siglo I a. de C. Su De rerum natura constituye
el poema filosófico más importante de todos los
tiempos después del Poema del Ser de Parménides.
Lucrecio fue fiel a Epicuro, pero añadiendo
a éste la vertiente del corazón. Era preciso hacer
de la doctrina intelectual del maestro una doctrina cordial, que
entrara por el sentimiento y penetrara, más allá
de la reflexión, por el lenguaje de la fantasía,
en los entresijos de la emoción. Lástima que no
pudiera soportar las contrariedades de la enfermedad y se suicidara
a los 44 años.
Epicuro sigue entre nosotros,
a veces transfigurado en las filosofías vitalistas, a veces
claramente manifiesto en las corrientes literarias y filosóficas
existencialistas y sensualistas, en suma, enmascarado en pensamientos
que están al servicio del ser humano y que persiguen, destruyendo
oscurantismos, trasvasar la dura barrera de las convenciones sociales,
y llegar al fondo de los deseos humanos, donde el placer y la
amistad se abren como camino saludable de existencia.