La
batalla de las Termópilas tuvo lugar durante la guerra
que enfrentó a griegos y persas en el siglo V. Dario, el
rey de Persia, había muerto seis años después
de la batalla de Maratón, pero sus ambiciones expansionistas
fueron heredadas por su sucesor Jerjes que, no pudiendo ampliar
su territorio más que hacia el oeste, puso sus ojos en
Grecia para iniciar la conquista de Europa.
El
nuevo enfrentamiento era, por tanto, una cuestión de tiempo.
Para no repetir el error de su
predecesor, mandó esclavos para excavar un canal a través
de la península del Monte Athos y proyectó un puente
a través del Helesponto con barcas alineadas para el su
ejército pudiera atravesarlo. Aunque la primera tentativa
fue destrozada por una tormenta, la segunda tuvo éxito.
Los griegos, conscientes de lo
que se estaba tramando contra ellos, dividieron sus posturas y
algunos se aliaron con los persas mientras otros unieron sus fuerzas
contra el invasor. Un primer intento de enfrentarse a los persas
en las llanuras de Tesalia tuvo como resultado la renuncia por
parte de los griegos, incapaces de hacer frente a la caballería
y al mayor número de efectivos del enemigo. Sin embargo
un golpe de suerte, en forma una improvisada aportación
de plata procedente de un mina, posibilitó que los atenienses
construyeran una flota de doscientas trirremes.
Jerjes que, no pudiendo ampliar su
territorio más que hacia el oeste, puso sus ojos en
Grecia para iniciar la conquista de Europa.
Cerca de 30 ciudades-estado del
centro y sur de Grecia se dieron cita en Corinto para acordar
una estrategia de defensa común. Las ciudades del Peloponeso
querían formar una línea defensiva cerca del istmo
de Corinto, las ciudades que quedaban al norte de esta línea
preferían que la de defensa se organizase más al
norte aún. Finalmente Temístocles les convencería
de que lo más sensato era formar un ejército combinado
bajo mando espartano para atrapar al ejército persa en
las Termópilas, anulando así la
efectividad de su superioridad numérica. Era este un pasaje
estrecho cerca del mar, que unía zona central y sur de
Grecia y que permitiría una defensa relativamente fácil
por parte de unos pocos hombres e impediría al adversario
el uso de su temible caballería. La flota griega protegería
a las tropas en tierra de los ataque de los barcos persas.
Leónidas
en las Termópilas, 1814
Oleo
sobre tela, 395 x 531 cm
Musée
Louvre, París
Jean-Louis
David
Leónidas, el rey de Esparta,
fue puesto al mando del ejército griego, pero cuando solicitó
la dispensa para alinear a sus tropas eludiendo la celebración
de la festividad religiosa de Carneia, no obtuvo la autorización.
Sólo pudo contar con 300 hombres de su guardia personal
con los que habría de intentar unirse a los aliados y bloquear
el paso hasta que, pasada la fiesta, el resto de su ejército
fuera autorizado a reunirse con él. La misión era
suicida, de manera que sus hombres fueron escogidos entre familias
que contasen con al menos otro heredero varón para que,
caso de morir, no quedasen sin línea sucesoria.
Se estima que el número
total de soldados cuando los espartanos alcanzaron al resto de
los aliados era de unos 7.000 -frente a los más de 250.000
persas con los que habrían de enfrentarse- y el primer
objetivo de los de Leónidas fue levantar la vieja fortaleza
y las murallas derruidas del paso de las Termópilas.
Después mando un contingente para defender un estrecho
pasadizo que suponía un punto débil de su posición,
temiendo que si los persas lo descubrían podrían
rodearlos. Poco después un enviado persa llegó para
conminar a los griegos a rendirse advirtiéndoles que ellos
eran tan numerosos que sus flechas oscurecerían el sol.
A esto Leónidas respondió con la famosa frase de
"mucho mejor, así combatiremos a la sombra".
Jerjes esperó durante cinco días a que los griegos
depusieren las armas sobrecogidos ante la envergadura de su enemigo,
pero no lo hicieron.
A mediados de agosto del año
480 a.C. se inició la batalla. El primer día los
griegos lograron hacer frente a las fuerzas de Jerjes causándoles
un alto número de bajas. Cuando el segundo día recibieron
a otro emisario del rey persa ofreciéndoles la integración
en su propio ejército si se rendían, Leónidas
rehusó. Jerjes mandó entonces a sus 10.000 "Inmortales",
tropas de elite comandadas por su hermano que, al igual que los
espartanos eran profesionales disciplinados pero que, no obstante,
fueron rechazados por los griegos.
Pero un traidor llamado Sfialtes
advirtió a los persas del paso a través de las montañas
para llegar a la retaguardia griega. Cuando a la mañana
siguiente los griegos advirtieron la traición ya era demasiado
tarde. Consciente de la cercana derrota, Leónidas mandó
dispersar a su ejército pero los espartanos y algunos otros
como los tebanos y los de Thespies quisieron quedarse. Eran poco
más de mil. Estos hombres lucharon con una valentía
y un arrojo que ha pasado a la historia. Sabiendo que iban a morir,
rodeados por todas partes de miles de soldados enemigos, resistieron
sin embargo negándose a abandonar el cuerpo de su rey muerto
hasta que una lluvia de flechas acabó con todos ellos.
Los griegos fueron derrotados.
La de las Termópilas fue una batalla perdida
que no obstante permitió a los griegos reorganizase para
seguir luchando contra los persas (que acabarían vencidos
en Salamina) y les alentó con su ejemplo; siempre será
recordada como ejemplo de valor y coraje, de supremo sacrificio
en defensa de la patria.