Napoleón
nació en Ajaccio, Córcega, el 15 de agosto de 1769
dentro de una familia acomodada de la isla.
Cuando
tenía 10 años entró en la academia militar
de Brienne donde mostró buenas aptitudes para las matemáticas,
la historia y la geografía, y tras 5 años de estudio
pasó a la escuela militar de París, graduándose
como teniente de artillería. Durante los años siguientes
jugó un importante papel político y militar en Córcega,
pero cuando en 1793 estalló la guerra civil Napoleón
volvió a Francia.
A partir de ese momento la carrera
del joven Napoleón comenzó a experimentar altibajos:
si el 93 era el héroe de Toulon y favorito de Robespierre,
poco después, sin embargo, era arrestado bajo la acusación
de traición. Nuevamente en el año 1795 la suerte
de Napoleón daba un giro y volvía a encumbrarse
defendiendo al gobierno frente a las fuerzas contrarrevolucionarias.
Esta acción le valdría que el Vizconde Paul de Barras lo elevase al alto mando militar, donde se convertiría
en una de las más respetadas autoridades militares.
Cuando en 1796 Francia ataca Austria,
Napoleón, que acababa de contraer matrimonio recientemente
con Josefina de Beauharnais obtiene el mando de las tropas italianas,
un ejército famélico y desorganizado que él
sabe liderar magistralmente para conducirlo a la victoria sobre
los oponentes austriacos. Tras la legendaria batalla de Arcole,
el general corso volverá a Francia como una estrella rutilante.
En 1798 Napoleón, deseoso
de nuevas victorias, se embarcará en la campaña
de Siria y Egipto. Un ejército de 30.000 hombres junto
a un nutrido grupo de científicos y eruditos para estudiar
las antigüedades del país, puso rumbo a Alejandría.
Las tropas napoleónicas no tardarían en someter
a los mamelucos y conquistar Egipto, pero su suerte terminaría
ahí. Nelson acababa de destruir la flota francesa, El Cairo
se rebelaba y el intento por combatir a los turcos y egipcios
acabaría en un sonoro fracaso. Napoleón abandonó
entonces a su ejército y volvió a Francia donde,
aprovechando los problemas del Directorio, dio un golpe
de estado en 1799 (18 de Brumario) y se proclamó cónsul
adjudicándose el poder ejecutivo y legislativo y proclamándose
además jefe del gobierno y comandante en jefe del ejército.
El país, cansado de tantos
años de revoluciones, inestabilidad y confusión,
asumió con optimismo su toma de poder. Como administrador,
Napoleón acometió importantes reformas, pero sabedor
de que sus mayores logros sólo podían darse en el
terreno militar reunió nuevamente a su ejército
y se enfrentó a los austriacos tras una asombrosa marcha
a través de los Alpes, siendo definitivamente derrotados
éstos en la batalla de Marengo. Firmada la paz con Austria
y poco después también con Inglaterra (aunque ésta
duraría poco tiempo), Napoleón se convertiría
en presidente de la República Cisalpina y sería
declarado cónsul vitalicio de Francia. Se dedicó
entonces a reformar el sistema legal, la economía, la educación,
el gobierno, el ejército y la iglesia, demostrando así
sus dotes como legislador y hombre de estado.
En el año 1803 Napoleón
Bonaparte asumió el título de emperador siendo coronado
en presencia del Papa. Al año siguiente se coronaría
también como rey de Italia. Esta ambiciosa política
alarmó a las potencias europeas (Inglaterra, Rusia, Austria,
Prusia y Suecia) que a lo largo de los 8 años siguientes
se enfrentaron repetidas veces a Francia con escaso éxito.
Napoleón, sin embargo, cosecharía una victoria tras
otra con asombrosa efectividad, aplastando a su paso a cuantos
enemigos se le pusieron por delante y sorprendiendo a toda Europa con su osadía y determinación. Su paseo triunfal
culminaría con un sonado triunfo en la célebre batalla
de Austerlitz. Por otro lado, la política de Napoleón
incluía hábiles
maniobras diplomáticas como el situar en posiciones de
poder a hombres de confianza y miembros de su familia. Sería
por estas fechas cuando contraería matrimonio con su segunda
mujer, María Luisa, poco después le daría
un hijo.
Pero a partir de 1811 el imperio
napoleónico comienza a dar señales de declive: las
insurrecciones en España son cada vez más numerosas,
los ingleses avanzaban desde Portugal..., el territorio a controlar
es demasiado vasto y no todas las sublevaciones pueden ser sofocadas.
En 1812 Napoleón inicia la guerra contra Rusia con un grueso
de más de 400.000 soldados y otros tantos hombres de apoyo.
Alimentar o siquiera controlar este descomunal ejército
era prácticamente imposible y las tropas rusas aprovecharon
esta debilidad para atacar repetidas veces, mientras el emperador
continuaba su penosa marcha hacia Moscú. Allí los
habitantes de la ciudad se negaron a rendirse y en su lugar le
prendieron fuego, de manera que la Grande Armée tuvo que
dar marcha atrás en medio de unas condiciones meteorológicas
terribles, sin medios ni alimentos y con los rusos hostigándoles
sin cesar. Sólo unos 10.000 soldados se salvaron de la
masacre.
Aquella derrota marcó el punto de inflexión de la imparable carrera del corso, a
partir de aquel momento la presión de la coalición
de potencias europeas será constante. En 1814 París
acabará rindiéndose a las fuerzas aliadas y Napoleón,
abdicando como emperador de Francia, se exiliará en la
Isla de Elba.
En 1815 los problemas de Francia
eran cada vez más acuciantes y Napoleón, apoyado
por algunos sectores, decide emprender su regreso para reclamar
el trono imperial. Pero Europa no estaba dispuesta a consentirlo
y se enfrentó a él en Waterloo, una de las batallas
más decisivas de la historia, que tuvo como resultado la
segunda y definitiva abdicación del emperador y su exilio
en Santa Helena, donde moriría 6 años después
a la edad de 51 años. La tormenta política, económica
y cultural generada por Napoleón Bonaparte, un hombre que
reunió un talento militar extraordinario y una fuerza de
voluntad sin límites,
se dejaría sentir en Europa durante más de un siglo.