Todos
tenemos más de una contraseña en nuestra cabeza.
Desde el PIN del teléfono móvil hasta la clave para
acceder a nuestra cuenta de correo. ¿Sabemos elegirlas
bien? Quizás repasando los errores más comunes,
podamos intentar no caer en ellos, y evitar así que nuestros
secretos sean desvelados.
Los
problemas más comunes que presentan las contraseñas son:
Contraseñas
débiles
Es la forma clásica y rápida
en la que se compromete la seguridad de los sistemas. Todos podemos
tener cierta idea de la contraseña que una persona pondría
a su correo, bien conociéndola personalmente, obteniendo
más información sobre ella (datos fácilmente
accesibles como la fecha de nacimiento o el número de teléfono)
o investigando la empresa en la que trabaja. Las contraseñas
débiles incluyen:
Contraseñas
nulas: La comodidad puede a la razón en muchos casos.
Resulta cómodo no recordar una contraseña y pulsar
"enter" cuando vemos la pantalla de confirmación.
No hay que explicar mucho más sobre el peligro que representa
estas ganas de ahorrar memoria.
Contraseñas
fácilmente adivinables: Para hacerse una idea, de
un reciente estudio realizado por CentralNic, se dedujeron los
siguientes porcentajes:
-
Nombres de familiares: Casi la mitad de las personas estudiadas,
elegían como contraseña el nombre de algún
familiar o pareja. O en el caso de las parejas, el nombre acompañado
de algún número que represente algo especial para
ellos.
- Fans:
Un tercio del universo estudiado usaba nombres de ídolos
del momento (curioso observar cómo en pocas ocasiones
eran ídolos de todos los tiempos) como contraseña.
Estrellas del deporte, de la canción, de la televisión...
etc.
- Combinaciones:
Un 10% aproximadamente usaba combinaciones tipo de letras o
números. (Ej: 12345, abcde...) o conocidos patrones de
teclado (asdf, qwer....).
- Crípticas:
Sobre el 9% usaba contraseñas complejas, específicamente
elegidas para asegurar los sistemas. En estos casos, al hacer
un estudio más profundo, se concluyó que estas
personas, usaban la misma clave para todas sus aplicaciones
(correo, sistema operativo, VNC... etc.). lo que pone en riesgo
todos esos sistemas una vez esté comprometido uno de
ellos y debilita la seguridad conseguida con una contraseña
compleja.
Casi todos los sistemas basados
en claves son susceptibles a los ataques por diccionario. Se pueden
llegar a probar miles de contraseñas por segundo, tomándolas
de cientos de diccionarios automatizados que existen en la Red
(en todos los idiomas o por temas). Las herramientas para realizar
este ataque, en teoría, sirven a los administradores para
saber si en su red interna alguien está usando claves débiles,
pero, como es natural, esto aumenta las posibilidades de usarlas
con objetivos no tan lícitos.
Contraseñas por
defecto
Cientos de paquetes software o
dispositivos vienen con alguna contraseña por defecto que
el administrador olvida cambiar una vez instalado o configurado.
Es especialmente popular el caso de 3Com, con sus routers y sistemas
de red. Todos usan la misma contraseña por defecto, por
lo que sólo habría que detectar a los que pertenecen
a administradores "despistados" que olvidaron cambiarla.
Almacenamiento inadecuado
Tan importante resulta pensar
en una buena contraseña usando todos los símbolos
extraños que se nos ocurran como almacenarla correctamente.
Y el lugar más adecuado para almacenar una clave es la
memoria, pero la humana, no la de la máquina. Recordarla,
esa es la solución. Escribirla es un error, pues los papeles
tienden a volar o a acabar en papeleras. Precisamente cuando se
ha elegido una buena contraseña es cuando más se
tiende a escribirla en algún lugar, invalidando así
el buen trabajo eligiendo la clave.
Pero no sólo los usuarios
son los culpables o los despistados. Muchos programas software
ofrecen la posibilidad de recordar las contraseñas, ofreciendo
así un cómodo servicio al usuario. Claramente, esa
palabra queda en algún lugar de la memoria física
del ordenador... averiguar dónde y cómo no es tan
complicado. A veces se guardan en texto plano (la clave tal cual,
legible por un ser humano) o se usa una base de cifrado débil
de dominio público.
Las primeras versiones del navegador
Netscape, guardaba las claves de correo en los archivos pregs.js
encubiertas con un simple cifrado Base64. Aunque estuvieran cifradas,
Base64 no es un sistema de cifrado real (irreversible) sino de
codificación (reversible y público). Otro ejemplo
son las primeras versiones del servidor Caesar FTP, que guardaba
las contraseñas directamente en texto plano. Las antiguas
versiones del sistema operativo Unix, guardaban las contraseñas
cifradas en un archivo visible por todo el mundo, /etc/passwd,
que se mejoró con la técnica "password shadowing",
que consiste en guardar la contraseña en otro archivo legible
sólo por el administrador "root".
Contraseñas
"esnifables"
Muchos protocolos usados hoy en
día no fueron diseñados con la seguridad en mente.
Telnet y FTP transmiten las contraseñas a través
de la red en texto plano. Otros, como el HTTP emplean un cifrado
pobre para mandar claves. Los atacantes pueden fácilmente
"escuchar" en algún punto del camino intermedio
y robar las claves que viajen sin ser cifradas. Existen herramientas
que automáticamente excluyen del caudal de red todo aquél
login y contraseña que encuentran. Si se dejara funcionando
durante días en cualquier sistema con algunas máquinas,
la cantidad de contraseñas encontrada sería importante.
Si la importancia de los datos
merece la inversión, sería interesante instalar
dispositivos de contraseñas de un solo uso o sistemas biométricos.
Las contraseñas son, en cierta manera, algo del pasado.
...por
Sergio de los Santos  |
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