Giuseppe
Verdi nace en 1813 en el seno de una familia humilde, en Roncole.
De muy joven, tiene la suerte de contar con la protección
de Antonio Barezzi, comerciante de Busseto y amante de la música.
Con
la ayuda de su protector, Verdi consigue ir a Milán para
estudiar en el Conservatorio, y aunque parezca mentira, no superó
las pruebas de acceso. Tras el fracaso, el genio italiano no abandona
su vocación musical y se pone a estudiar con Vicenzo Lavigna,
el cual le familiariza con la música italiana del pasado
y la alemana de su época. En 1836 es nombrado maestro de
música de Busseto y se casa con la hija de su protector:
Margherita Barezzi. En 1837 nace su hija Virginia, que desafortunadamente,
muere en 1838. Entonces nace su hijo Icilio, que corre la misma
suerte que su hermana, falleciendo al cabo de un año.
Aunque
parezca mentira, no superó las pruebas de acceso.
Se
estrena su primera óperaOberto, en 1839, la cual
resultó ser un éxito. Pero en 1840 muere su joven
esposa, fracasa su ópera cómica y todavía
le resulta demasiado reciente la muerte de sus dos hijos. Así
que Verdi cae en una profunda depresión. Al cabo de dos
años, se encuentra ya bastante recuperado del duro golpe
sufrido y decide estrenar la ópera Nabucco, que
obtiene un excelente resultado y se convierte en un verdadero
triunfo. Giuseppina Strepponi interpreta el papel de Abigail.
Se estrena Lombardi alla Prima Crociata en febrero de
1843, constituyendo un auténtico éxito. Su fama,
pues, se extiende rápidamente y sus coros de Nabucco
se tararean en las calles, como reflejo del patriotismo italiano
de esa época. En abril del mismo año, Verdi lleva
a cabo su primer viaje al extranjero y acude a un estreno de Nabucco
en Viena. Va estrechando lazos con Giuseppina Strepponi, que terminará
convirtiéndose en su mujer.
En
marzo de 1844 la ópera Hernani, basada en el drama
de Victor Hugo, tiene una muy buena acogida por parte del público.
El autor termina tres obras más en 1845: Giovanna d’Arco,
basada en la obra de Schiller, La Doncella de Orléans
y Alzira. Se trata, tal y como lo definió el propio
artista, de sus "años de galeras",
época que se prolongará hasta 1851. El 1846 lo pasa
con una enfermedad tras otra. Pero en 1847, ya mejorado, presenta
Mcbeth, basada en la obra de Shakespeare, el 14 de marzo
en Florencia y Los Ladrones, el 22 de julio en Londres.
Pronto estrena su ópera Il Corsario en Trieste.
El 17 de enero de 1849 realiza La Battaglia di Legnano
en Roma y Luisa Millar, inspirada en Cábala y Amor de Schiller,
se estrena en Nápoles, el 8 de diciembre.
El
genio musical padece un gran fracaso con la ópera Stiffelio,
que se presenta el 16 de noviembre de 1850 en Trieste. Entonces,
Verdi estudia nuevas ideas para dar con un buen tema. Piensa en
el Hamlet y el King Lear de Shakespeare. También se acuerda
de Keau y probablemente en temas que más tarde desarrollará
en La Traviatta e Il Trovatore. Se interesa mucho por
los dramas de Victor Hugo. El 6 de marzo se presenta por vez primera
en Venecia La Traviata, cuya fama se hará esperar.
Se
va por una temporada a París, con Giuseppina Strepponi.
Allí escribe una ópera para ser representada con
motivo de la Exposición Mundial de 1855. Es una obra basada
en un texto del popular dramaturgo Eugène Scribe. Se trata
de Les Vepres Siciliannes. La obra Simon Bocanegra
queda lista en 1857 y en 1858 Verdi sufre problemas con la
censura por Un Ballo in Maschera, que estaba previsto
que se representara en Nápoles y que finalmente no sale
a la luz hasta 1859. El 29 de agosto Giuseppina y Verdi se casan,
celebrando una ceremonia íntima y familiar, en un pueblo
cerca de Ginebra. Victor Manuel, nuevo rey de Italia, recibe a
Verdi y lo nombra diputado de la Asamblea Nacional de Turín
y Ciudadano Honorario de Parma y de Bolonia. También es
designado como miembro del Institut de France, en París.
Se estrena La Forza del Destino en 1862, en San Petersburgo.
En 1867 realiza Don Carlos y en el mismo año muere
el padre del genial artista. El uno de noviembre se inaugura en
Egipto un teatro de ópera, en el que se representa Rigoletto.
Muere Rossini en 1868, el cual había reconocido enseguida
el gran talento de Verdi. No obstante, le aconsejó que
se limitara en componer dramas y dejar de lado las comedias.
El
24 de diciembre de 1871, se estrena Aída
en la Ópera de El cairo.
En
el año 1869, concretamente el día 27 de febrero,
es la primera ocasión en la que se presenta en Milán
la nueva versión de La Forza del Destino. Al poco
tiempo, recibe el pedido de escribir una ópera en ocasión
de la apertura del Canal de Suez, en 1870. Termina la obra Aída
con la colaboración de Antonio Ghislanzoni, aunque
el estreno se retrasa debido a la guerra franco-prusiana. El 24
de diciembre de 1871, se estrena Aída en la Ópera
de El cairo. Ésta se escucha el 8 de febrero por primera
vez en Europa, concretamente en la Scala de Milán, en la
que acude el compositor. En memoria del ya fallecido poeta Alessandro
Manzoni, en 1874 compone un Réquiem que será tocado
en la iglesia de San Marco, en Milán, en el primer aniversario
de dicha muerte (el día 22 de mayo). Durante los próximos
años, va a viajar a diferentes ciudades con el fin de dirigir
su Réquiem. Algunas de éstas son: París,
Viena y Londres. Es nombrado senador de Italia, el día
8 de diciembre.
El
poeta Arrigo Boito, en 1879, hace una visita a Verdi. Éste
compuso la ópera Mefistófeles, basada en
el Fausto de Goethe. Visita a Verdi, pues, en Sant’Agata
y logra convencerlo, aunque Verdi ya era anciano, para componer
los dos el proyecto de Otello, basada en la obra de William
Shakespeare. El 24 de marzo de 1881 se realiza la primera representación,
en Milán, de Simon Bocanegra. Su última ópera,
Falstaff, se presenta en 1893, en Milán. En 1897 fallece
Giuseppina y en 1899 Verdi funda la Casa di riposo en Milán.
Se trata de un hogar destinado a los ancianos y también
casa de reposo para músicos. En 1901 muere Verdi en Milán,
a la edad de 88 años. Maria Carrara, su hija adoptiva,
cumple lo que fue el último deseo de Verdi, quemar sus
cartas personales y demás recuerdos.
Giuseppe
Verdi logró dominar la escena lírica europea durante
toda la segunda mitad del siglo XIX. Su música tuvo sus
raíces en el pasado, pero en el ambiente patriótico
de Italia, obras como Nabucco cobraron un sentido actual
y pleno. Sin traicionar jamás la tradición operística
italiana, sobre todo en lo que a escritura vocal se refiere, consiguió
dar a su obra un sesgo innovador. Con más realismo y contrario
a cualquier tipo de convención o estereotipo.