La
música francesa, como el arte mismo, tiene sus orígenes
en la Prehistoria. Y es que en este periodo existían ya
algunos objetos que eran utilizados como instrumentos musicales.
Tambores,
maracas, flautas, así como la voz humana, servían
a los primeros humanos para realizar música. Desde Francia hasta Rusia, se han encontrado flautas y silbatos de tres a siete
agujeros, entre otros objetos musicales.
Los
cantares tanto franceses como españoles provienen directamente
de los germánicos.
A
partir de los siglos XI/XII la música francesa empieza
a adquirir más importancia y un carácter propio.
De este modo, las "chansons de geste" o cantares de
gesta franceses se hicieron muy populares con sus típicas
hazañas épicas. El juglar, que era el encargado
de transmitir estos mensajes informativos y musicales, sabía
modular la voz perfectamente según el momento del relato.
Estos cantares de gesta se basaban siempre en la exaltación
de personajes populares y sucesos de armas. Generalmente se empieza
por una descripción del héroe, su nombre, la armadura
que lleva, su pendón y sus armas pintadas en el escudo.
Entonces, se explica el significado de dichas armas y cómo
las ha conseguido el caballero, protagonista del "cantar".
En Francia, ya a partir del siglo XI se comenzaron a copiar estas
canciones en elegantes manuscritos. Se conservan, pues, casi todos
estos cantares franceses. Tal era la importancia de estas "chansons",
que los primeros cantares españoles estaban del todo influenciados
por los franceses. Ello es defendido por Menéndez Pidal.
Por otro lado, Gastón París atribuye la paternidad
de los cantares de gesta a Francia y decía de los españoles
que sólo eran traducciones. Lo que está claro es
que a partir del siglo XII los cantares tanto franceses como españoles
provienen directamente de los germánicos.
Los
franceses de principios del siglo XIV transmitían su desagrado
por la música del siglo anterior, la cual consideraban
que estaba pasada de moda. Entonces decidieron llamar a su música
con un nombre original "Ars nova". Éste es
el nuevo movimiento que pretende modernizar la música.
El término empleado ha llegado a ser sinónimo de
la música que se hacía en la Europa Occidental del
siglo XIV. Una de las novedades importantes del "Ars nova"
es que se extienden las reglas de Franco de Colonia, que gobernaban
las relaciones entre longas-breves, aplicándolas ahora
a las relaciones entre breves-semibreves y entre semibreves-mínimas.
Éstos son valores que equivalen a los actuales de redonda,
blanca, negra, corchera y semicorchera. También se consolidan
los compases binarios en igualdad con los terniarios. Además
se pueden combinar las medidas ternarias y binarias a distintos
niveles con el fin de crear diferentes compases nuevos. Ello era
imposible para un músico del "Ars antiqua"
y aunque con otros términos, son los que aún utilizamos
hoy en día: 2/4, ¾, 6/8 y 9/8.
A
finales de la Edad Media destacó el compositor y poeta
francés Guillaume de Machaut (1300-1377). Éste fue
el líder indiscutible del "Ars nova". El artista
medieval, que triunfó como músico y poeta, fue nombrado
secretario del rey Juan de Bohemia y terminó sus días
como canónigo de Reims. Fue original y rompedor en sus
composiciones, de expresión muy sutil y con gran flexibilidad
rítmica. Creó 23 motetes, 100 canciones, 19 "lais"
y 25 melodías a las que llamó "chansons ballades"
aunque más conocidas son como "virelai". Su
obra más famosa es "La messe de Notre Dame".
Se trata de una composición a cuatro voces del ordinario
de la misa. Esta composición es excepcional porque Machaut
considera las cinco divisiones del ordinario como una sola composición.
Algo único en la época.
La
música clásica francesa, en cuyos orígenes
hallamos la música medieval y la renacentista, tuvo un
papel fundamental en la cultura occidental. Y es que ésta
va a surgir durante la Revolución Francesa. En esta época
de cambios, de rupturas y de transformaciones nace el Clasicismo,
que en esencia, busca el ideal de lo bello y lo equilibrado. Se
da importancia a la forma, ya que es a través de ella por
la que se expresa esta perfección, esta belleza. Es un
tipo de música que debe ser brillante, delicada y alegre.
Para conseguir este fin prima fundamentalmente la melodía,
que es la esencia de la música clásica. Dichas composiciones
se realizan con frases de ocho compases de dieciséis o
de seis. El resultado es una melodía del todo regular.
Se deja de lado el ritmo más bien mecánico del Barroco y se opta por ritmos más diversos y espontáneos.
Sobretodo se crearán Sonatas y Sinfonías. Pero también
habrá lugar para la Serenata, la Casación y el Divertimento.
A diferencia de la música de la Edad Media, básicamente
utilizada para informar ("Chansons de geste") la música
clásica no tiene ninguna finalidad fuera de ella misma.
El Clasicismo, muy arropado e impulsado por los ideales de la
Revolución Francesa, logrará hacer llegar la música
a una gran cantidad de gente, que la sabrá apreciar.
El
cantante buscará transmitir lo más emotivo
de la canción.
Hacia
mediados del siglo XX varios artistas de la calle sobrevivían
gracias a la canción. La necesidad de ganarse el pan hizo
que los cantautores se esforzaran al máximo en la interpretación
de las canciones dando énfasis a lo dramático para
llamar la atención del público. Desde este momento
el artista francés canta de una forma muy peculiar y sabe
llegar al alma de la persona. La "chanson" francesa,
que cuenta con grandes exponentes como Maurice Chevalier o Edith
Piaf, nace de un sentimiento auténtico y único,
promovido a menudo por la pobreza. Estas canciones están
hechas para no dejar indiferente a nadie, de tal forma que casi
siempre logran llegar incluso al corazón más frío.
No obstante no se trata de un puro sentimentalismo. Son melodías
elegantes y en cierto modo, contenidas. Así, Claude Debussy señalaba: "la claridad de expresión, precisión
y concentración de la forma que son cualidades particulares
al genio francés". Eso sí, dentro de
un cierto control, el cantante buscará transmitir lo más
emotivo de la canción. Algunas de estas fantásticas
"chansons" que han perdurado hasta hoy son: "Hymne
a l’amour" de Edith Piaf, "Sous le ciel de Paris"
de Jacqueline François, "Ne me quitte pas"
de Jacques Brel y "L’aigle noir" de Barbara,
entre otras.
Aunque
la época esplendorosa de la "chanson" francesa
sea la de los años 50 y 60, con grandes artistas como Charles
Trenet, el carismático Serge Gainsbourg, el belga Jacques
Brel o el poético Georges Brassens, la música francesa
ha tenido en cada periodo sus propios genios, que han sabido transmitir
el carácter y el sentimiento único de este país.