"Historias de la radio" (1955), dirigida por José Luis Sáenz
de Heredia, es uno de los títulos más populares
del cine español en la década de los 50 y una de
las películas más conseguidas del realizador.
Este filme se
compone de tres pequeñas historias, basadas en los concursos
radiofónicos y todas ellas enlazadas a través del
locutor Gabriel y su prometida. En el primero un inventor tiene
que disfrazarse de esquimal para llegar el primero a la emisora;
en el segundo un ladrón que está robando en una
casa acierta un concurso musical por teléfono; y en el
tercero un sabio maestro se someterá a las preguntas de
un concurso cultural para obtener el dinero para operar a un niño
en el extranjero. Cada historia está estructurada en tres
flashbacks que mantienen como nexo de unión las cuitas
sentimentales y profesionales de varios profesionales de la radio.
Esta película
es otro homenaje cinematográfico a la radio, modo de entretenimiento
e información alrededor del cual giraba la vida social
y familiar en los años cincuenta. Recrea y destaca la importancia
de la radio como un medio de comunicación de masas, el
que más influencia social tenía, en cada década,
en cada sociedad. En "Historias de la radio", aparecen,
en sus inicios los programas radiofónicos, cuyo género
son los concursos "cara al público", y cuya finalidad
es hacer participar a los oyentes, en pruebas o preguntas, un
tanto simples, favoreciendo como premio los objetos de la sociedad
de consumo. Hay planos en los que los oyentes aparecen como público
presente, en el estudio radiofónico, que participa en la
emisión del programa. Hábito éste, de los
públicos, que es consecuencia directa del consumo cinematográfico,
que con el paso del tiempo y, el menor interés social al
cambiar las costumbres sociales, junto a los usos y percepción
del medio, también desaparecerán.
Esta
película es otro homenaje cinematográfico
a la radio.
Algunas de las
cualidades de "Historias de la radio"
están determinadas por la facilidad en su discurrir y su
homogeneidad en sus registros, las articulaciones de una película
construida con materiales extremadamente heterogéneos:
nada menos que tres relatos independientes con formato de sketch,
algunos chistes escenificados, dos entrevistas a personajes reales
– el torero Rafael Gómez el "Gallo" y el
futbolista Luis Molowny- y dos actuaciones musicales – de
Gracia Montes y de "Los Xey"- y una historia de amor
que transcurre dentro de la emisora.
La radio, en este
filme, es el elemento central durante aquella época, para
el despegue incipiente de la sociedad española hacia la
cultura de masas y la que toma como referente directo a voces
tan populares, durante los años cincuenta, como las de
Bobby Deglané – quien se interpreta a sí mismo
en las imágenes -, José Luis Pécker, Matilde
Conesa, Pedro Pablo Ayuso o Matilde Vilariño. Tampoco hay
que olvidar también, cómo en este filme, está,
soberbiamente, personificado dos perfiles específicos que
determinan al propio medio: la lucha por las audiencias y los
protagonistas, es decir las "estrellas de la radio".
Si ahora la lucha por conseguir oyentes es un objetivo claro en
la planificación de una emisora no nos puede sonar raro
esta idea de hace cincuenta años.
Otros nuevos aspectos
representados en estas películas, que aparecen en distintas
secuencias, son los avances tecnológicos del mismo medio,
la modificación en sus estudios, los aparatos como los
micrófonos (al principio colgaban del techo y más
tarde pasan a ser de pie) y la elaboración del programa
como resultado de un equipo de profesionales, cada uno de los
cuales está especializado en una función muy concreta
de la emisión del programa. Tecnificación y especialización,
dos condiciones que representan la evolución de la situación
social vigente y que caracteriza a nuestra generación.
En
la película se reflejan los programas radiofónicos
de mayor éxito social.
En la película
se reflejan los programas radiofónicos de mayor éxito
social, como son: las dramatizaciones y los musicales, bien como
concursos o bien como orquestas que actúan en directo.
Las tres historias se desmarcan entre sí en un principio,
dejando, siempre que esto pasa, alguna de las mismas coja respecto
a las otras, o intrascendente en su comparación, porque
ni el mejor director puede lograr mantener el interés a
partes iguales. Sin embargo, la coherencia narrativa total la
consigue a través de un humor blanco urdido en torno a
la picaresca urbana, portador de una simpatía contagiosa
hacía los pillos y granujillas de buen corazón,
testigos cósmicos y suavemente satíricos de las
dificultades para vivir en una España protoindustrial que
contempla todavía el desarrollo capitalista como una quimera,
habitada por un proletariado urbano subempleado y por excedente
agrario que, armado de ingenio y azuzado por la necesidad, debe
buscarse la vida en los escenarios de Madrid en pos de un precario
consumismo alentado por la publicidad. Esa búsqueda es
la que Sáenz de Heredia organiza en torno al universo de
la Radio.
Grandes nombres
como Pepe Isbert, Paco Rabal, Juanjo Menéndez, Tony Leblanc,
Angel de Andrés o José Luis Ozores e impagables
rostros secundarios sin cuya presencia el cine español
no se entendería, como el gran Alberto Romea, Juan Calvo,
José Orjas, Adrián Ortega o Guadalupe Muñoz
Sampedro, e incluso el locutor que marcó una época
en la historia de la radio de nuestro país, Bobby Deglané;
dan vida a esta película que es un símbolo claro
de otra década, un reflejo limpio de sus costumbres y problemas,
que en algunos aspectos son diferentes a los actuales, pero que
por otro lado forman parte de historias humanas, de la vida, que
nunca cambian, por mucho tiempo que pase.
"Historias de la radio", una herencia en blanco y negro de nuestro pasado,
nos hace asomar alguna que otra risa y emoción al espectador,
sobre todo si se ha vivido aquella etapa, pero si no también,
porque vemos en imágenes en movimiento cómo se vivía
en los mismo lugares que ahora habitamos nosotros, y no podemos
menos que mirar con cierta curiosidad lo que nos hubiera tocado
unos años antes
Dentro del panorama
demasiado oscuro del cine español de mediados de la centuria
pasada, es de agradecer esta película, por su propia originalidad
y por ser un testimonio muy claro de la importancia de un medio
de comunicación que no decae con el tiempo, la Radio.