Los
orígenes de Girona se remontan a la época romana,
durante la cual esta localidad ocupó un lugar totalmente
estratégico.
Y
es que desde su cima se dominaba la confluencia entre cuatro ríos:
Ter, Güell, Onyar y Galligants. Se convirtió en una
importante escala de la Vía Augusta, la cual transitaba
entre Tarraco (actual Tarragona) y Roma. En la actualidad, Girona
sigue siendo un lugar estratégico. Es la senda que une
el litoral levantino con los Pirineos. Se trata de un enclave
perfecto. Por un lado, está cerca de Francia. Por otro,
están las arenosas playas que constituyen la Costa Brava.
Girona es la capital catalana más pequeña, pero
según se dice, la más bella, tanto por el magnífico
casco antiguo, como por sus fantásticos alrededores. No
es de extrañar, que cada año acudan miles de turistas
a visitar la zona.
Los
callejones de El Call jueu están repletos
de mágicas leyendas que nos proporcionarán
una experiencia única y realmente inolvidable.
Pasear
por la ciudad de Girona es un auténtico placer tanto cultural
como lúdico. Así, en la parte baja, encontramos
la Plaza de la Independencia, una gran y espaciosa explanada con
bellos soportales que la circundan. El río Onyar se cruza
por uno de sus arcos. Éste es un río muy amado por
todos los gerundenses, pero temido también, debido a las
diferentes crecidas que ha sufrido a lo largo de los años
y que ha originado que en cada otoño, los ciudadanos vean
con cierto respeto, cómo sube el nivel de las aguas, en
sólo un momento. En mitad del río, desde el puente,
podemos disfrutar de magníficas vistas. Desde este punto
podemos contemplar las populares casas de l’Onyar, que se
construyeron a finales de la Edad Media, adosadas a las murallas
que cerraban el barrio viejo y el burgo del Mercadal. Las torres
que protegían los dos lados del puente se acabaron reformando
para ser utilizadas como viviendas. Muy característico
de dichas casas es el color cálido. Puede ser amarillo,
rojo, ocre o también verde. Estos tonos cumplen la misión
de llenar de color y calidez a una de las zonas más húmedas
de la localidad.
Después
de cruzar el Onyar, uno se adentra en la zona antigua. Al llegar
a la calle de la "Força", se habrá
penetrado en El Call o la Judería, que es el barrio
judío de Girona, uno de los antiguos barrios judios mejor
conservados de Europa. En éste encontramos callejones de
gran pendiente, que son una mezcla de piedra y angostura, calles
que acogieron la comunidad hebrea gerundense que constaba, en
su mejor época (S.XII/XIII), de un millar de personas.
Se puede acceder a algunas casas del barrio judío, así
como al "Centro Bonastruc Ça Porta". Éste,
convertido en recinto histórico, conserva la esencia de
la antigua judería de Girona. Los callejones del El
Call jueu están repletos de mágicas leyendas
que nos proporcionarán una experiencia única y realmente
inolvidable. El Centro, con sus patios y jardines, ocupa una parte
del edificio que durante la Edad Media, alojó la última
sinagoga judía de la ciudad. Al principio de la calle de
la Força, si se sube por la callejuela que sale a la derecha,
ascendiendo la escalinata nos encontramos con el Palau dels Agullana.
Se trata de una casa noble, perteneciente a los siglos XIV-XVII
y constituye, junto con las escaleras y la fachada de Sant Martí
Sacosta, uno de los lugares barrocos más importantes de
Girona.
Enmarcada en el recinto amurallado de la Força Vella, se
halla la Catedral, que es otro de los atractivos de la localidad.
Posee la nave más ancha del gótico europeo y la
segunda más amplia de la cultura cristiana, después
de la Basílica Vaticana de San Pedro. En su interior hallamos
una de las joyas textiles del arte románico catalán:
el Tapiz de la Creación. Las obras de edificación
empezaron en 1314, pero la fachada se realizó entre los
siglos XVII y XVIII y semeja un retablo pétreo. El claustro
románico pertenece a los siglos XII/XIII y desde el jardín
claustral se puede observar, adosada al muro lateral de la Catedral,
la torre de Carlomagno, campanario de estilo románico-lombardo.
La
Catedral, que es otro de los atractivos de la localidad.
Posee la nave más ancha del gótico europeo
y la segunda más amplia de la cultura cristiana.
Otro
rasgo de Girona es que se trata, sin duda, de una ciudad melómana,
con su propia orquesta de cámara: la Camerata Gironina.
También cuenta con la Coral Sant Narcís. El teatro
Municipal, goza frecuentemente de la presencia de la Orchestra
Simfònica de Barcelona-Nacional de Catalunya. También
ha ganado popularidad la Cobla Ciutat de Girona. Se trata de una
agrupación sardanista local que realiza un "aplec"
o reunión sardanista en junio. Para los amantes de la música sacra, están las sesiones del "Cicle Els Organs de
Catalunya" que es un ciclo de conciertos de órgano,
el cual se lleva a cabo en verano. Esta
localidad catalana tiene varios museos de interés. Así,
el "Museu de la Catedral" muestra diferentes obras
de arte Sacro, que datan desde el siglo X hasta nuestros días.
Además, cuenta con piezas pertenecientes a varias corrientes
artísticas: arábiga, mozárabe, gótica,
románica, renacentista, barroca, etc. El "Museo d’art
de Girona" es un edificio románico del S. XIII con
piezas añadidas de estilo gótico y renacentista.
El museo expone colecciones, tanto medievales como modernas. El
"Museu d’Història de la Ciutat" está
situado en el tramo superior del carrer de la Força y tiene
un marco arquitectónico del S. XVIII. También está
el "Museo Parroquial de Sant Feliu" que muestra objetos
de culto y ornamentos litúrgicos. El "Museu Arqueològic
de Girona" completa la oferta de museos de la ciudad. En
él se pueden encontrar diferentes hallazgos arqueológicos,
fechados desde la época paleolítica hasta los tiempos
de la cultura visigótica.
En
cuanto a gastronomía, la cocina gerundense combina productos
de la costa y de la montaña. Así, los recetas típicas
son los deliciosos: "suquet" de pescado, verduras a
la brasa con salsa romesco, arroces marineros y pescados a la
brasa. De segundo, podemos tomar pollo con langosta, pescado a
la parrilla o conejo con chocolate. El postre, no resulta menos
rico que la comida y podemos escoger entre la popular crema catalana
(semejante a las natillas, pero con azúcar caramelizado
por encima) o milhojas de manzana. El vino que acompañe
la comida puede ser el blanco, tinto o rosado con Denominación
de Origen del Empordà-Costa Brava. Por si la variedad no
ha parecido suficiente, hay otros manjares famosos como son: el
arroz negro, la Tocinería de Olot, la "Cassolada"
y las "anchoas de l’Escala". Tampoco se debe olvidar
la cocina del caracol. Se trata de uno de los moluscos más
importantes en la cocina catalana. Éste se suele acompañar
de una "picada". También se suelen utilizar en
guisos junto con la langosta o el conejo.