Confederación
Helvética - Suiza ::
La protegida de los Alpes ::
Como
cada país, Suiza arrastra consigo unos tópicos de
los que difícilmente podrá escapar algún
día. Si en España todo es vino y tortilla de patatas
y en Italia las pizzas y los deportivos se llevan la palma, los
clichés nos aseguran que Suiza sobrevive gracias a sus
deliciosos chocolates, a los relojes y a los beneficios que revierten
las cuentas secretas de sus bancos.
SUPERFICIE 41.285
km²
POBLACIÓN 7.301.994 habitantes
DENSIDAD
177 hab/km²
CAPITAL Berna
LENGUA
Alemán, francés, italiano, rético,
inglés
RELIGIÓN
Católicos
46%
Protestantes
40%
Harry Lime, el criminal amoral
de "El Tercer Hombre" aseguraba en una de
las escenas que "quinientos años de democracia
y paz en Suiza no han producido nada excepto el reloj de cuco".
Graham Greene, uno de los guionistas del film, demuestra que su
ignorancia sobre la nación alpina se encuentra a la altura
de la del común de los mortales. En primer lugar, el reloj
de cuco tiene origen alemán y además, Suiza ha registrado
más patentes y sus habitantes han ganado más premios
Nobel per capita que cualquier otro estado mundial. Merece
la pena conocer un poco más este pequeño gran país...
La personalidad de un lugar viene
conferida por sus gentes y sus formas de pensar y actuar. Así
las cosas, no hay duda que la sociedad suiza dota a su territorio
de un carácter especial. Alemanes, franceses e italianos
conviven con los propios lugareños en una perfecta armonía.
Siete millones de personas que colaboran en el mantenimiento de
una firme cultura nacional en un estado de unas dimensiones similares
a Extremadura. Si además del factor humano añadimos
un paisaje dominado por los majestuosos Alpes,
las aguas cristalinas, las verdes praderas y unas poblaciones
construidas con orden y buen gusto, no parece arriesgado asegurar
que tenemos ante nosotros uno de los destinos más apetecibles
para el viajero.
Podría decirse que Suiza
cuenta con varias capitales, Berna, la oficial,
Zurich, la cultural e intelectual, Ginebra la diplomática y Lucerna, la de la belleza.
Aunque ya se sabe, para gustos los colores. Lucerna es una pequeña ciudad localizada en el centro del país
y en el cantón homónimo. Si se mira a vista de pájaro,
la población adquiere un aire medieval que una vez en sus
calles se fusiona con elementos renacentistas y barrocos. Todo
el conjunto de estilos descansa en las orillas del río
Reuss y a la sombra de un paraje montañoso
que parece salido de una postal. Pero, a pesar de que cuenta con
los elementos necesarios, la ciudad no se conforma con ser sólo
un enclave turístico más y se enorgullece de constituir
también un importante centro cultural. Por supuesto, combinado
todo ello con la necesaria industria que toda urbe necesita para
sobrevivir.
Lucerna ofrece
al viajero un gran número de rincones dignos de visitar
pero hay dos que sobresalen por su importancia. En primer lugar,
al hablar de Lucerna no se puede pasar por alto
su puente de madera y Wasserturm.
El puente de madera comienza en el paseo
Rathausquai, paralelo al río y repleto de vida.
Desde ahí, el puente del siglo XIV cruza oblicuamente el Reuss y alcanza la otra margen tras 200 metros
de construcción de madera. Aproximadamente hacia la mitad
del recorrido se alza Wasserturm, una torre levantada
en 1305. El edifico ha sido usado en sus siglos de historia como
prisión, defensa, archivo y hasta cámara del tesoro.
Hoy en día constituye uno de los lugares más conocidos
del país y alberga una destacada colección de cuadros
pintados por Hans Wägmann a partir de 1614 y restaurados
en 1945. Examinarlos dará al observador una idea más
gráfica y cercana que cualquier libro de la historia de
la ciudad y sus patrones, San Leodegario y San Mauricio. De la
belleza a la cultura, de Lucerna a Zurich.
La capital intelectual suiza se muestra actualmente al turista
como una simbiosis entre finanzas y estética, pero su vertiente
artística lleva ya casi un siglo en pleno desarrollo. En
concreto, en 1916 nació en el cabaret Voltaire
de Zurich el movimiento Dadá y desde entonces
la ciudad nunca ha perdido de vista las tendencias más
innovadoras del arte, lo que añade una excusa más
a la lista de motivos por los que visitarla.
Si el viajero dispone de unos
días para conocer Zurich, lo normal será que los invierta en recorrer la "Ciudad Vieja".
Hablamos del barrio más antiguo de la localidad con angostas
callejuelas, palacios del siglo XVII, edificios cargados de historia
y más de mil fuentes públicas. Y si tras deambular
durante horas apetece relajarse un poco, lo ideal es acercarse
a las orillas de lago que comparte el nombre con la ciudad. Una
vez allí, un tranquilo paseo y una merienda sobre la hierba
animará al visitante a continuar con el itinerario elegido.
Por último, no se puede
abandonar el país alpino sin programar una caminata por Ginebra. Los habitantes suelen afirmar con resignación
que Ginebra les pertenece a partes iguales a
ellos y a la comunidad internacional. No exageran, pues más
de doscientas organizaciones internacionales han instalado su
sede en la ciudad y los acuerdos alcanzados en sus instalaciones
han tratado desde la proliferación nuclear hasta la limpieza
étnica. Otra de las características más visibles
de Ginebra tiene que ver con la limpieza. Sus
residentes, de los que casi el 30% son extranjeros, mantienen
las calles impolutas durante todo el año. Esto, sumado
a la seguridad y a la eficiencia que se respira, dota de una identidad
muy especial a la ciudad.
Para saldar una visita completa
a Ginebra además hay que acercarse a la catedral de Saint Pierre y a dos museos de interés.
El templo recoge una mezcla de estilos que aúna tanto el
gótico como el románico y su austeridad traslada
al turista a los años en los que Calvino predicaba entre
sus paredes, en concreto, de 1536 a 1564. Tras Saint Pierre,
el Museo de Arte e Historia y el de la Cruz
Roja se merecen unas horas de atención. En el
primer caso, el visitante se recreará con una cuidada colección
de pintura, escultura, arqueología y armas. Por su lado,
el Museo de la Cruz Roja actúa como espejo
de conflictos y atrocidades llevadas a cabo por la humanidad.
El objetivo, recordar que existen unos derechos humanos que se
deben respetar y cumplir a toda costa y en cualquier situación.